Corto Maltés, creado por el maestro veneciano Hugo Pratt en 1967, no es solo una serie de historietas, sino una de las cumbres de la narrativa gráfica del siglo XX. La obra redefine el concepto de aventura, elevando el medio a la categoría de literatura dibujada. A través de sus páginas, Pratt fusiona el rigor histórico, la ensoñación poética y una profunda melancolía existencial, convirtiendo a su protagonista en un icono cultural que trasciende las viñetas.
El personaje central es un capitán de marina mercante nacido en La Valeta (Malta) en 1887, hijo de un marinero británico de Cornualles y una gitana de Sevilla conocida como la Niña de Gibraltar. Esta dualidad genética marca su carácter: posee el pragmatismo europeo y el misticismo errante del pueblo gitano. Un detalle definitorio de su personalidad ocurre en su infancia: al descubrir que no tenía la «línea de la fortuna» en la palma de su mano, el joven Corto decidió grabársela él mismo con una navaja de afeitar, simbolizando que su destino no está escrito por los dioses, sino por su propia voluntad.
La cronología de sus viajes se sitúa principalmente en el primer cuarto del siglo XX, entre 1904 y 1925. Corto Maltés es un espectador privilegiado —y a menudo un actor involuntario— de un mundo en plena transformación. Sus historias transcurren en escenarios geográficos reales y meticulosamente documentados: desde las islas del Pacífico Sur en los albores de la Primera Guerra Mundial, pasando por las estepas de Siberia y Manchuria, hasta las selvas del Amazonas, los desiertos africanos o los canales de una Venecia esotérica.
Narrativamente, la obra se aleja de los tropos clásicos del héroe de acción. Corto es un «caballero de fortuna», un pirata moderno con un código ético inquebrantable pero ambiguo. Aunque suele verse envuelto en conflictos políticos, revoluciones y guerras, mantiene una postura de neutralidad irónica, movido más por la curiosidad o la lealtad a sus amigos que por ideologías. En sus periplos se cruza con personajes históricos reales como Jack London, Stalin, Enver Pasha o Butch Cassidy, integrándolos en la trama de forma orgánica y verosímil.
El elenco de secundarios es igualmente rico, destacando la figura de Rasputín, un asesino psicópata y desertor ruso que actúa como el reverso oscuro y némesis constante de Corto. La relación entre ambos, basada en una extraña mezcla de odio y dependencia mutua, es uno de los pilares psicológicos de la serie.
Desde el punto de vista artístico, la evolución de Hugo Pratt es fundamental para entender el cómic europeo. Su estilo comenzó con un dibujo detallado y académico, pero evolucionó hacia una síntesis magistral. Pratt domina el uso del blanco y negro, empleando grandes manchas de tinta para crear atmósferas cargadas de simbolismo. Sus viñetas no solo narran acción; a menudo se detienen en paisajes desolados, horizontes marinos o rostros silenciosos, permitiendo que el ritmo de la lectura respire. El autor utiliza el silencio como una herramienta narrativa tan poderosa como el diálogo, logrando que el lector se sumerja en la introspección del protagonista.
La obra se compone de álbumes fundamentales como *La balada del mar salado* (donde Corto hace su primera aparición como un náufrago atado a una balsa), *Bajo el signo de Capricornio*, *Corto Maltés en Siberia* o *La casa dorada de Samarcanda*. Cada entrega explora temas recurrentes: la búsqueda de tesoros perdidos que a menudo resultan ser quimeras, el peso de la mitología antigua en el mundo moderno y la frontera difusa entre la realidad y el sueño.
En conclusión, *Corto Maltés* es una obra sobre la libertad individual y la búsqueda de la utopía en un mundo que se encamina hacia la modernidad técnica y la pérdida de la magia. Es un cómic imprescindible para entender la madurez del noveno arte, ofreciendo una experiencia de lectura que exige atención y recompensa con una de las visiones más románticas y lúcidas de la condición humana.