El cómic de Army of Two, publicado por IDW Publishing a partir de 2010, es una pieza fundamental para entender la evolución narrativa de una de las franquicias más viscerales del género de acción táctica. Escrito por el veterano Peter Milligan y con el arte dinámico de Dexter Soy, esta obra no se limita a ser un simple acompañamiento promocional de los videojuegos de Electronic Arts, sino que expande el trasfondo de sus protagonistas, Tyson Rios y Elliot Salem, dotándolos de una profundidad que a menudo queda en segundo plano entre tiroteos y explosiones.
La trama se sitúa cronológicamente entre los eventos del primer juego y su secuela, *The 40th Day*. En este punto de la historia, Rios y Salem han dejado atrás su etapa en la corporación SSC para fundar su propia Compañía Militar Privada (PMC): TransWorld Operations (TWO). La narrativa arranca sumergiendo al lector en la cruda realidad del mercado de la guerra por contrato. Ya no son solo soldados siguiendo órdenes; ahora son empresarios de la violencia que deben lidiar con la logística, la reputación y las implicaciones morales de sus misiones.
El conflicto central se dispara cuando TWO acepta un contrato en un entorno políticamente volátil. Lo que comienza como una misión de escolta y pacificación estándar se transforma rápidamente en una red de conspiraciones que involucra a políticos corruptos, facciones rebeldes y otras agencias de mercenarios con escrúpulos inexistentes. Milligan utiliza este escenario para explorar la "zona gris" en la que operan estos personajes. A diferencia de otros cómics bélicos donde los bandos están claramente definidos, en *Army of Two* la lealtad es un concepto voluble que a menudo depende del tamaño del cheque o de la supervivencia inmediata.
Uno de los pilares de la obra es la dinámica entre los dos protagonistas. El cómic logra capturar la esencia de la "cooperación" que hizo famoso al videojuego, pero la traslada al plano psicológico. Tyson Rios se presenta como el estratega, el hombre que intenta mantener la profesionalidad y la visión de negocio, mientras que Elliot Salem encarna la impulsividad y el humor negro, sirviendo como el músculo emocional del dúo. La interacción entre ambos es orgánica y sirve para aliviar la tensión de un guion que, por lo demás, es bastante oscuro y cínico respecto a la política exterior y el complejo industrial-militar.
Visualmente, el trabajo de Dexter Soy es excepcional para el tono de la serie. Su estilo, que mezcla una estética cercana al manga con un realismo sucio y detallado, es perfecto para representar la brutalidad de los combates. Las icónicas máscaras balísticas de los protagonistas no son solo un elemento estético; Soy logra que, a pesar de tener los rostros cubiertos la mayor parte del tiempo, el lenguaje corporal de Rios y Salem transmita toda la urgencia y el peligro de las situaciones en las que se encuentran. Las escenas de acción están coreografiadas con una fluidez que recuerda a las mecánicas de "Aggro" y flanqueo del juego, permitiendo que el lector visualice la táctica detrás de cada tiroteo.
El cómic también introduce personajes secundarios que ponen a prueba la ética de los protagonistas, obligándolos a cuestionar si el fin justifica los medios. A medida que la trama avanza, la historia se aleja de la simple glorificación de las armas para adentrarse en las consecuencias humanas de la guerra privada. Se exploran temas como la traición corporativa y el coste personal de vivir bajo el fuego constante, donde la única constante es el compañero que cubre tu espalda.
En resumen, el cómic de *Army of Two* es una lectura obligatoria para quienes buscan una historia de acción militar con un guion inteligente. Peter Milligan logra elevar el material original, ofreciendo una visión cruda y sin concesiones de lo que significa ser un mercenario en el siglo XXI. Es una obra que respeta la adrenalina del material de origen pero que se sostiene por sí misma gracias a una narrativa sólida, un arte impactante y un enfoque centrado en la inquebrantable hermandad de sus dos protagonistas frente a un mundo que solo los ve como herramientas de destrucción.