En el panorama del cómic independiente contemporáneo, Strayer Vol. 1, publicado por la editorial AfterShock Comics, se erige como una propuesta que busca subvertir los tropos más arraigados de la fantasía épica y la ciencia ficción post-apocalíptica. Escrito por Justin Jordan (*The Strange Talent of Luther Strode*) y dibujado por Juan Gedeon (*Venom*), este primer volumen establece las bases de un mundo donde la magia no es una fuerza mística benevolente, sino el residuo tóxico de una civilización tecnológicamente avanzada que colapsó hace milenios.
La premisa de la obra nos sitúa en una Tierra irreconocible, un páramo salpicado de ruinas imposibles y criaturas de pesadilla. En este contexto, la "magia" es tratada como una forma de energía residual que ha mutado la flora y la fauna, creando monstruosidades que asolan a los asentamientos humanos supervivientes. La narrativa se centra en dos figuras antitéticas que se ven obligadas a colaborar por necesidad y destino: Strayer y Mala.
Strayer, el protagonista que da nombre a la serie, es un antihéroe en el sentido más estricto del término. Es un hombre de una fuerza física descomunal, cínico, pragmático y carente de cualquier deseo de gloria o heroísmo. Su única motivación es la supervivencia y, si es posible, obtener algún beneficio en el proceso. Lo que lo hace único en este mundo es su inmunidad natural a la magia; Strayer es capaz de enfrentarse a las aberraciones mágicas que despedazarían a cualquier otro hombre, lo que lo convierte en el mercenario definitivo para un mundo que se cae a pedazos.
Por otro lado, encontramos a Mala. Ella es una joven que ostenta el título de "Mala", una suerte de guía espiritual y técnica que posee el conocimiento necesario para manipular los restos de la antigua tecnología/magia. Mala representa el idealismo y la responsabilidad. Ella cree firmemente en una profecía que augura el regreso de un gran mal que acabará con lo poco que queda de la humanidad, y está convencida de que Strayer es la pieza clave para evitar este apocalipsis definitivo.
El conflicto central del primer volumen no solo reside en las amenazas externas —monstruos gigantescos y señores de la guerra—, sino en la fricción constante entre sus dos protagonistas. Mientras Mala intenta convencer a Strayer de que asuma su papel como salvador del mundo, Strayer se resiste con vehemencia, prefiriendo mantenerse al margen de los grandes destinos heroicos. Esta dinámica de "compañeros a la fuerza" (buddy-adventure) aporta un ritmo ágil y un contrapunto humorístico a una atmósfera que, de otro modo, sería puramente sombría.
Visualmente, el trabajo de Juan Gedeon es fundamental para la identidad de *Strayer*. Su estilo es cinético, con líneas gruesas y una narrativa secuencial que prioriza el movimiento y el impacto físico. Gedeon logra diseñar un mundo que se siente sucio y vivido, donde los elementos de alta tecnología están tan degradados que parecen artefactos mágicos. El diseño de las criaturas es especialmente destacable, alejándose de los dragones o trasgos convencionales para ofrecer quimeras biomecánicas que refuerzan la idea de un mundo que ha sufrido una catástrofe científica.
El color, a cargo de Tamra Bonvillain, complementa perfectamente el dibujo, utilizando una paleta vibrante pero saturada que resalta la naturaleza "radiactiva" de la magia en este universo. No es un mundo de grises y