War of the Undead, escrita por Bryan Johnson e ilustrada por Walt Flanagan, es una obra que se sitúa en la intersección exacta entre el horror gótico y el drama bélico de la Segunda Guerra Mundial. Publicada originalmente por IDW Publishing, esta miniserie se aleja de las representaciones heroicas tradicionales del conflicto para sumergirse en una atmósfera opresiva donde la desesperación del Tercer Reich da paso a una amenaza que trasciende la comprensión humana y la ética militar.
La premisa nos sitúa en los estertores finales de la guerra. Alemania se encuentra al borde del colapso total, con las fuerzas aliadas cerrando el cerco sobre Berlín. En este escenario de derrota inminente, el alto mando nazi, fiel a su obsesión histórica con el ocultismo y las ciencias prohibidas, decide activar un plan de contingencia extremo. No se trata de una nueva superarma tecnológica, sino de una incursión en lo sobrenatural: el uso de vampiros y licántropos como activos militares en el campo de batalla. La narrativa establece con rapidez que, para el régimen nazi, estas criaturas no son mitos, sino herramientas biológicas que pueden ser controladas y desplegadas para cambiar el curso de la historia.
El núcleo de la historia sigue a un grupo de especialistas estadounidenses, una unidad de élite diseñada para misiones de reconocimiento y sabotaje, que es enviada tras las líneas enemigas. Su objetivo inicial es investigar rumores sobre experimentos inusuales en laboratorios subterráneos, pero pronto descubren que la realidad supera cualquier informe de inteligencia. Lo que comienza como una misión de infiltración estándar se transforma en una lucha por la supervivencia contra un enemigo que no siente dolor, no conoce la fatiga y posee una sed de sangre insaciable.
Uno de los puntos fuertes de War of the Undead es cómo Bryan Johnson maneja la dinámica del equipo protagonista. A diferencia de otros cómics de género, aquí los soldados no son caricaturas de acción; son hombres enfrentados a un horror que invalida su entrenamiento convencional. La tensión no solo proviene de los enfrentamientos con los no-muertos, sino del colapso moral que supone enfrentarse a un enemigo que desafía las leyes de la naturaleza. El guion explora la idea de que, en la guerra, el hombre es capaz de liberar monstruos que no puede controlar, convirtiendo el campo de batalla en un matadero donde la distinción entre el cazador y la presa se difumina constantemente.
Visualmente, el trabajo de Walt Flanagan es fundamental para establecer el tono de la obra. Su estilo, caracterizado por un uso intensivo de las sombras y un trazo sucio y visceral, encaja perfectamente con la temática. Flanagan logra capturar la decrepitud de los búnkeres nazis y la naturaleza grotesca de las criaturas. Los vampiros en este cómic no son figuras románticas ni elegantes; son depredadores ferales, representaciones físicas de la corrupción del régimen que los ha convocado. El diseño de producción del cómic enfatiza la claustrofobia, utilizando composiciones de página que transmiten una sensación de asfixia constante, reflejando el destino de los soldados atrapados en una pesadilla subterránea.
La narrativa avanza con un ritmo implacable, alternando entre secuencias de acción cruda y momentos de suspense psicológico. El cómic evita los tropos fáciles del género de zombis moderno, optando por una mitología más clásica pero reinterpretada bajo una lente militarista. La "guerra" del título no es solo un conflicto de naciones, sino una lucha existencial entre la humanidad remanente y la oscuridad absoluta que el nazismo ha decidido desatar como su último acto de maldad.
En conclusión, War of the Undead es una pieza esencial para los lectores que buscan una narrativa de horror histórico que no escatime en crudeza. Es una exploración de los límites de la ciencia y la superstición en tiempos de guerra, presentada con una estética oscura que rinde homenaje a las revistas de terror clásicas, pero con una sensibilidad moderna y violenta. Sin recurrir a giros innecesarios, la obra se mantiene firme en su propuesta: un descenso a los infiernos donde las balas son apenas una defensa temporal contra el hambre eterna de lo oculto.