Sunday, la obra monumental del autor belga Olivier Schrauwen, representa uno de los ejercicios narrativos más ambiciosos y singulares del cómic contemporáneo. Publicada originalmente de forma serializada y posteriormente recopilada en un volumen integral, la obra se aleja de las convenciones del género para sumergirse en una exploración exhaustiva de la cotidianidad, el tiempo y la psique humana a través de una premisa engañosamente simple: el relato pormenorizado de un domingo cualquiera en la vida de un hombre llamado Thibault.
La trama se sitúa en un entorno doméstico y suburbano. Thibault, quien es presentado como el primo del propio autor, despierta un domingo por la mañana con una agenda completamente vacía. Su única expectativa es la posible visita de Olivier (el autor) más tarde ese día. A partir de este punto de partida, Schrauwen despliega una crónica minuciosa que abarca desde el momento en que el protagonista abre los ojos hasta que vuelve a cerrarlos al final de la jornada. No hay grandes conflictos externos, ni giros de guion melodramáticos, ni epifanías trascendentales; lo que el lector encuentra es la disección de las horas muertas.
El núcleo de Sunday reside en su capacidad para capturar el flujo de la conciencia. Schrauwen utiliza el estatismo del domingo para dar espacio a los pensamientos erráticos, los recuerdos fragmentados y las pequeñas obsesiones de Thibault. El cómic registra con precisión quirúrgica acciones mundanas: preparar café, fumar un cigarrillo, observar por la ventana, dar un paseo sin rumbo o intentar entablar conversaciones triviales con vecinos. Sin embargo, bajo esta superficie de aparente intrascendencia, el autor construye una arquitectura narrativa compleja donde la frontera entre la realidad objetiva y la percepción subjetiva del protagonista se vuelve borrosa.
Visualmente, la obra es un prodigio de la experimentación gráfica. Schrauwen emplea una estética que remite a la impresión en risografía, utilizando una paleta de colores limitada —predominantemente azules, rojos y amarillos— que se solapan y crean texturas vibrantes. El dibujo, aunque de apariencia esquemática y a veces naíf, posee una expresividad técnica asombrosa. El autor juega con la composición de la página, alternando entre rejillas rígidas que enfatizan la monotonía del tiempo y composiciones más libres que reflejan las derivas mentales del personaje. El uso del color no es meramente decorativo; funciona como un indicador emocional y temporal que guía al lector a través de los diferentes estados de ánimo de Thibault.
Uno de los aspectos más destacados de Sunday es su tratamiento del ritmo. Schrauwen se atreve a dilatar las secuencias de forma extrema, obligando al lector a experimentar el mismo aburrimiento y la misma languidez que el protagonista. Esta decisión estética convierte al lector en un observador participante de la soledad de Thibault. El humor, a menudo seco, absurdo y ligeramente incómodo, permea toda la obra, aliviando la carga existencial de la trama sin restarle profundidad. La genialidad del autor radica en encontrar lo extraordinario dentro de lo banal, transformando una caminata por un barrio anodino en una odisea visual y psicológica.
El cómic también funciona como una reflexión sobre la memoria y la identidad. A través de los monólogos internos y las ensoñaciones de Thibault, Schrauwen explora cómo construimos nuestra propia narrativa personal a partir de fragmentos de pasado y proyecciones de futuro, a menudo para llenar el vacío del presente. La figura del autor, que aparece de forma tangencial o referencial, añade una capa de metaficción que cuestiona la veracidad de lo que estamos leyendo, situando la obra en un terreno híbrido entre la biografía, la ficción y el ensayo gráfico.
En conclusión, Sunday es una pieza clave para entender las posibilidades del noveno arte en el siglo XXI. Es un cómic que exige una lectura pausada y atenta, recompensando al lector con una experiencia inmersiva sobre la condición humana. Olivier Schrauwen demuestra que no se necesita una epopeya para hablar de la existencia; basta con observar detenidamente lo que sucede cuando, aparentemente, no sucede nada. Es, en esencia, un inventario magistral de la vida en su estado más puro y menos editado.