Pedro el Coati

*Pedro el Coatí*, obra del autor e ilustrador Paco Sordo, es una pieza fundamental para entender la evolución del humor gráfico contemporáneo en España. Publicado bajo el sello ¡Caramba! (Astiberri), este cómic se aleja de las convenciones infantiles que su estética podría sugerir para adentrarse en un terreno de sátira, metanarrativa y deconstrucción de los tropos clásicos del género de animales antropomórficos. Como experto en el medio, es necesario analizar esta obra no solo como una sucesión de gags, sino como un ejercicio de estilo que rinde homenaje y, al mismo tiempo, disecciona la tradición del cómic franco-belga y la animación de la edad de oro.

La premisa nos presenta a Pedro, un coatí que habita un mundo regido por las leyes del *slapstick* y la lógica de los dibujos animados. A primera vista, el entorno de Pedro es vibrante, colorido y aparentemente inofensivo, poblado por otros animales que desempeñan roles arquetípicos. Sin embargo, la genialidad de Paco Sordo reside en dotar a su protagonista de una consciencia que choca frontalmente con la realidad absurda en la que está inmerso. Pedro no es el héroe entusiasta que uno esperaría encontrar en una tira cómica dominical; es un personaje atrapado en una estructura narrativa que lo obliga a repetir ciclos de infortunio para el deleite de un espectador invisible.

El conflicto central de la obra no surge de una gran gesta épica, sino de la fricción entre el deseo de normalidad del protagonista y la naturaleza caótica de su universo. Pedro intenta navegar situaciones cotidianas —desde buscar empleo hasta interactuar con sus vecinos—, pero cada intento se ve saboteado por la propia física de su mundo, donde un yunque puede caer del cielo sin previo aviso o una puerta puede conducir a un vacío existencial. Esta dinámica permite a Sordo explorar temas como la frustración, la alienación y la tiranía del formato narrativo, todo ello bajo una pátina de humor ácido que nunca pierde el ritmo.

Visualmente, *Pedro el Coatí* es un despliegue de maestría técnica. Paco Sordo utiliza una línea limpia y expresiva que bebe directamente de la escuela de Marcinelle, pero la actualiza con una paleta de colores moderna y una composición de página sumamente dinámica. El diseño de personajes es impecable: Pedro posee una expresividad que comunica su hastío vital con apenas un movimiento de cejas, contrastando con el diseño más exagerado y "elástico" de los personajes secundarios que aceptan su destino caricaturesco sin cuestionarlo. La narrativa visual es fluida, permitiendo que los gags visuales funcionen con la precisión de un mecanismo de relojería, algo esencial en un cómic que depende tanto del *timing* cómico.

Otro aspecto destacable es el uso de la metanarrativa. El cómic no teme romper la cuarta pared o jugar con los elementos físicos de la página (viñetas, bocadillos, márgenes) para enfatizar la sensación de encierro del protagonista. Pedro es consciente de que es un dibujo, de que sus acciones están limitadas por el espacio en blanco y negro o por las decisiones de un autor caprichoso. Esta capa de lectura eleva la obra por encima de la parodia simple, convirtiéndola en una reflexión sobre la creación artística y la relación entre el autor y su obra.

En conclusión, *Pedro el Coatí* es una lectura imprescindible para quienes buscan un cómic que desafíe las expectativas. Es una obra que requiere una mirada atenta para captar todas las referencias y subtextos que Sordo ha sembrado en sus páginas. Sin necesidad de recurrir a giros de guion melodramáticos, el cómic logra mantener el interés del lector a través de su ingenio verbal y visual, consolidándose como un referente del humor inteligente en la viñeta actual. Es, en esencia, una carta de amor envenenada a los clásicos, escrita por alguien que conoce perfectamente las reglas del juego y decide romperlas con elegancia.

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