Adrastea, publicada originalmente en Francia por Ankama (dentro del prestigioso Label 619) y creada íntegramente por el autor Mathieu Bablet, es una de las obras más introspectivas y visualmente subyugantes del cómic europeo contemporáneo. Antes de alcanzar el reconocimiento masivo con obras de ciencia ficción como *Shangri-La* o *Carbono y Silicio*, Bablet ya demostraba en este título una madurez narrativa y una capacidad para la construcción de mundos que lo situaban como una voz única en el medio.
La premisa de *Adrastea* nos sitúa en un pasado mítico, una era donde la frontera entre lo humano y lo divino era permeable pero implacable. El protagonista es el antiguo Rey de Hiperbórea, un hombre que ha pasado los últimos mil años sentado en su trono, sumido en una inmovilidad casi pétrea, observando cómo el tiempo erosiona su reino y a su pueblo. Sin embargo, este monarca posee una característica que es tanto un don como una maldición: la inmortalidad. Tras un milenio de silencio y soledad, el rey decide abandonar su palacio con un propósito único y desesperado: emprender un viaje hacia el Monte Olimpo para exigir respuestas a los dioses.
El núcleo narrativo de la obra no reside en el conflicto bélico, a pesar de estar ambientada en un contexto de mitología clásica, sino en la naturaleza del viaje. Es una *road movie* espiritual y física a través de una geografía que parece suspendida en el tiempo. El Rey de Hiperbórea no busca recuperar su gloria ni conquistar nuevos territorios; busca entender el porqué de su existencia eterna y, quizás, encontrar el final que le ha sido negado. A lo largo de su periplo, el protagonista atraviesa paisajes desolados, ruinas de civilizaciones olvidadas y encuentros con criaturas que, al igual que él, parecen ser restos de una era que ya no tiene lugar en el mundo.
Visualmente, *Adrastea* es una exhibición del talento detallista de Bablet. El autor utiliza un estilo de dibujo caracterizado por líneas finas y una atención obsesiva a la arquitectura y al entorno. Los escenarios no son meros fondos, sino personajes mudos que transmiten la magnitud del tiempo transcurrido. La escala es fundamental en el cómic: el contraste entre la figura solitaria del rey y la inmensidad de los templos, las montañas y los bosques subraya la insignificancia del individuo frente al cosmos y la historia. La paleta de colores, que transita entre tonos terrosos, ocres y azules etéreos, refuerza esa atmósfera de melancolía y trascendencia que impregna cada página.
Uno de los aspectos más destacados de la obra es su gestión del ritmo. Bablet se aleja de las convenciones del cómic de aventuras tradicional para abrazar una narrativa contemplativa. Los diálogos son escasos y precisos, permitiendo que sea la narrativa visual la que guíe la carga emocional del lector. El silencio es una herramienta narrativa clave en *Adrastea*; es el silencio de un hombre que ha olvidado el sonido de su propia voz y el silencio de unos dioses que parecen haber abandonado su creación.
Temáticamente, el cómic explora conceptos universales como la finitud, el peso de la memoria y la búsqueda de sentido en un universo indiferente. La inmortalidad del protagonista se presenta como una forma de estancamiento, una prisión que le impide evolucionar o descansar. Su viaje hacia el Olimpo es, en última instancia, una rebelión contra el destino y una demanda de reconocimiento por parte de lo divino hacia lo humano.
En conclusión, *Adrastea* es una obra imprescindible para quienes buscan un cómic que trascienda el entretenimiento puro. Es una pieza de orfebrería visual que invita a la reflexión sobre la condición humana, envuelta en una estética mitológica que se aleja de los clichés para ofrecer algo profundamente personal y evocador. Mathieu Bablet logra aquí una tragedia lírica sobre la soledad del poder y la necesidad de encontrar un cierre, consolidándose como un maestro de la atmósfera y el diseño narrativo.