La adaptación al cómic de "La Guerra de los Mundos", basada en la obra seminal de H.G. Wells, representa uno de los desafíos más complejos y fascinantes dentro de la narrativa secuencial. Esta versión, que circula a menudo bajo el sello de preservación digital [C R G], no es simplemente una traslación literal del texto de 1898, sino una reinterpretación visual que aprovecha las herramientas exclusivas del noveno arte para potenciar el horror cósmico y la crítica social implícita en el material original.
La trama se sitúa en la Inglaterra de finales del siglo XIX, en pleno apogeo de la era victoriana. La historia comienza con una serie de extrañas explosiones observadas en la superficie de Marte, seguidas por el impacto de lo que inicialmente se cree que es un meteorito en Horsell Common, cerca de Londres. El protagonista, un escritor y filósofo cuya perspectiva guía al lector, es testigo presencial de cómo lo que parecía un objeto inanimado resulta ser un cilindro artificial. Al abrirse, emergen criaturas cuya fisonomía desafía la comprensión humana, marcando el inicio de una invasión sistemática y devastadora.
Desde el punto de vista técnico y narrativo, el cómic destaca por su manejo de la escala. Los artistas logran transmitir la absoluta insignificancia del ser humano frente a la tecnología marciana. La aparición de los icónicos trípodes —máquinas de guerra colosales de tres patas— se presenta mediante composiciones de página que enfatizan la verticalidad y la opresión. El uso del "Rayo Calórico" y el "Humo Negro" se traduce visualmente con un contraste cromático violento, donde la destrucción de la campiña inglesa rompe la estética bucólica establecida en las primeras viñetas.
El guion se estructura respetando la división original de la novela: la llegada de los marcianos y la posterior vida bajo su yugo. Sin embargo, el cómic añade una capa de inmediatez emocional. A través de las expresiones faciales y el ritmo de las viñetas, se palpa el colapso de la estructura social británica. La obra no se centra únicamente en la acción bélica, sino en la desintegración del orden: el éxodo masivo de Londres, el pánico en las carreteras y la transformación de ciudadanos civilizados en seres movidos por el instinto más primario de supervivencia.
Un aspecto fundamental de esta adaptación es la representación de los invasores. A diferencia de las versiones cinematográficas que a menudo optan por diseños puramente mecánicos, el cómic suele explorar la naturaleza biológica y repulsiva de los marcianos descritos por Wells: seres de cuerpos blandos, tentaculares y mentes frías. Esta dualidad entre la fragilidad biológica del invasor y la invulnerabilidad de su maquinaria crea una tensión constante que se refleja en el estilo artístico,