Land of the Dead

Dentro del vasto canon de la narrativa de no-muertos, el cómic "George A. Romero's Land of the Dead", publicado por IDW Publishing, se erige como una pieza fundamental para comprender la evolución del mito del zombie moderno. Esta obra, que sirve tanto de adaptación como de expansión de la película homónima de 2005, no es simplemente un traslado de viñetas de lo visto en pantalla, sino un ejercicio de profundización en la sociología del apocalipsis que Romero perfeccionó durante décadas.

La historia se sitúa años después de que el fenómeno de los muertos vivientes colapsara la civilización tal como la conocemos. El escenario principal es la ciudad de Pittsburgh, convertida en una de las últimas fortalezas de la humanidad. Sin embargo, el cómic se aleja del tropo del refugio heroico para presentar una distopía urbana cruda y segregada. La ciudad está dividida por barreras geográficas y artificiales: por un lado, el lujoso rascacielos *Fiddler's Green*, donde la élite política y económica vive en una opulencia anacrónica, ignorando la realidad exterior; por otro, los barrios bajos, donde la población superviviente subsiste en condiciones deplorables, entretenida por vicios y espectáculos de gladiadores.

El núcleo narrativo se centra en la figura de Kaufman, el administrador de la ciudad, un hombre que ha replicado el capitalismo más despiadado en un mundo que ya no tiene moneda de curso legal. La tensión de la obra no solo emana de la amenaza exterior, sino de la lucha de clases interna. El cómic explora la labor de los mercenarios y recolectores, encargados de salir de los muros en vehículos blindados —como el imponente *Dead Reckoning*— para saquear suministros médicos y alimentos. Estos personajes actúan como el puente entre dos mundos: la burbuja de cristal de los ricos y el páramo dominado por los "apestosos" (como llaman despectivamente a los zombies).

Lo que diferencia a esta obra de otros cómics de género es el tratamiento de los antagonistas no-muertos. Siguiendo la visión de Romero, los zombies en *Land of the Dead* no son meros elementos de escenografía o peligros estáticos. El guion, a cargo de Chris Ryall, enfatiza un concepto aterrador y fascinante: la evolución cognitiva. A través de la figura de "Big Daddy", un antiguo gasolinero convertido en líder involuntario de las hordas, el cómic muestra cómo los muertos están empezando a recordar, a comunicarse de forma rudimentaria y, lo más peligroso, a utilizar herramientas. Esta premisa transforma el conflicto de una lucha por la supervivencia contra la naturaleza en una guerra entre dos especies que compiten por el mismo territorio.

Visualmente, el cómic cuenta con el arte de Gabriel Rodriguez, cuya capacidad para el detalle y la atmósfera es excepcional. Rodriguez logra capturar la suciedad y el óxido de un mundo que se cae a pedazos, contrastándolo con la pulcritud estéril de los interiores de *Fiddler's Green*. Su diseño de los no-muertos huye de la caricatura para centrarse en una decrepitud realista, dotando a personajes como Big Daddy de una expresividad melancólica que refuerza el subtexto de la obra. El uso de las sombras y la composición de las páginas subrayan la claustrofobia de la ciudad y la inmensidad amenazante del campo abierto.

En términos de estructura, la miniserie se aleja de las florituras narrativas para ofrecer un ritmo cinematográfico, pero aprovechando las ventajas del medio impreso para expandir los diálogos y las motivaciones que en el cine suelen quedar en segundo plano. Se explora la ética de la supervivencia y la corrupción del poder en un entorno donde la moralidad parece un lujo innecesario.

*Land of the Dead* es, en definitiva, un análisis mordaz sobre la incapacidad del ser humano para cambiar sus estructuras de control, incluso ante la extinción inminente. Es un cómic imprescindible para los estudiosos del género, ya que cierra el círculo de la "Trilogía de los Muertos" original y proyecta la visión de Romero hacia un futuro donde los monstruos no son solo los que caminan

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