La incursión de la franquicia *Resident Evil* en el noveno arte encontró su exponente más robusto y recordado bajo el sello WildStorm, una división de DC Comics, a finales de la década de los 90. El volumen que recopila esta etapa, a menudo titulado como *Resident Evil: Colección Completa*, no es simplemente una traslación de los polígonos de la consola al papel, sino una expansión ambiciosa del universo de horror biológico creado por Capcom. Esta obra se erige como un documento histórico que captura la estética del cómic estadounidense de finales de siglo, fusionándola con la atmósfera opresiva y conspiranoica de Raccoon City.
La estructura de este compendio se divide fundamentalmente en dos grandes bloques narrativos. El primero de ellos corresponde a la serie limitada original de 1998. En estas páginas, el lector no encontrará una adaptación literal de los eventos del primer videojuego, sino una serie de relatos que funcionan como piezas de un rompecabezas mayor. La narrativa se centra en los miembros supervivientes de la unidad S.T.A.R.S. (Special Tactics and Rescue Service), como Chris Redfield, Jill Valentine y Barry Burton, tras el incidente de la mansión Spencer. El cómic explora las secuelas psicológicas de los protagonistas y sus intentos por desenmascarar a la corporación Umbrella ante una sociedad que aún ignora el peligro inminente. Estos relatos cortos permiten profundizar en la mitología del Virus-T desde perspectivas que los juegos de la época, limitados por la tecnología, no podían abordar con tanto detalle.
El segundo bloque, y quizás el más distintivo de esta recopilación, es la miniserie titulada *Fire and Ice*. En esta sección, el guion se aleja de los rostros conocidos para presentar al Equipo Charlie de S.T.A.R.S., una unidad creada específicamente para el cómic. La trama sigue a este nuevo grupo en su misión por contener brotes virales en diversas localizaciones geográficas, lo que aporta una escala global al conflicto. Esta decisión narrativa permite que el cómic respire por sí mismo, sin depender exclusivamente de la nostalgia por los personajes principales, y establece un tono de acción táctica que complementa el horror puro de las entregas originales.
Desde el punto de vista visual, el volumen es un despliegue de talento que incluye a figuras que más tarde se convertirían en leyendas de la industria. El arte de Lee Bermejo, Carlos D'Anda y Ted Adams, entre otros, define una estética sucia, visceral y cargada de sombras. El diseño de las criaturas —desde los icónicos zombis hasta los imponentes Tyrants— se beneficia de un nivel de detalle anatómico que enfatiza lo grotesco de la mutación biológica. El uso del color y el entintado refuerza la sensación de aislamiento y peligro constante, logrando que el lector sienta la humedad de las alcantarillas de Raccoon City o el frío aséptico de los laboratorios subterráneos.
La importancia de este recopilatorio reside en su capacidad para rellenar los huecos argumentales entre *Resident Evil*, *Resident Evil 2* y *Resident Evil 3: Nemesis*. A través de sus páginas, se exploran las motivaciones de Umbrella, la corrupción política que permitió el desastre y la desesperación de los ciudadanos atrapados en el epicentro de la infección. No se limita a ser un producto derivado; es una pieza de *world-building* que respeta las reglas del material original mientras se atreve a proponer nuevas variantes de virus y amenazas biológicas.
En conclusión, *Resident Evil: La Colección Completa* es una lectura esencial para los aficionados al género del horror y para los seguidores de la saga de Capcom. Ofrece una visión cruda y madura de la lucha contra el bioterrorismo, manteniendo un equilibrio entre la acción frenética y el suspense psicológico. Es un testimonio de una era donde los cómics de licencias buscaban expandir horizontes, entregando una obra que, décadas después, sigue siendo el referente definitivo de cómo trasladar el horror de supervivencia a las viñetas.