Los Repartidores de Cerveza

Los Repartidores de Cerveza es una de las obras más singulares y representativas del cómic adulto español de finales de los años 80. Publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *Zona 84* de Toutain Editor, esta obra supone el encuentro de dos titanes de la historieta europea: el guionista Enrique Sánchez Abulí y el dibujante Josep María Beà. La combinación de sus talentos dio como resultado una distopía satírica que, bajo una premisa aparentemente sencilla, esconde una crítica feroz a la sociedad de consumo y a la deshumanización tecnológica.

La historia se sitúa en un futuro indeterminado, en un mundo post-apocalíptico o quizás simplemente decadente, donde la civilización tal como la conocemos se ha desmoronado para dar paso a una estructura social caótica y despiadada. En este escenario, la cerveza no es solo una bebida alcohólica; se ha convertido en el bien más preciado, el combustible espiritual y físico de una población embrutecida que vive sumergida en la miseria y el tedio. La logística para hacer llegar este preciado líquido a los rincones más peligrosos del planeta recae en los protagonistas: los repartidores de cerveza.

Estos repartidores no son simples transportistas, sino una suerte de mercenarios o caballeros andantes de la carretera, endurecidos por un entorno hostil donde cada entrega es una misión suicida. Equipados con vehículos blindados y armamento pesado, deben atravesar desiertos radiactivos, ciudades en ruinas y zonas controladas por mutantes, bandas de saqueadores y fanáticos religiosos. El cómic se estructura a través de diversas misiones que sirven para explorar la geografía de este mundo desolado y la psicología de quienes lo habitan.

El guion de Sánchez Abulí es fiel a su estilo característico, ya visto en obras como *Torpedo 1936*. Su narrativa está impregnada de un humor negro corrosivo, diálogos cortantes y un cinismo absoluto. No hay héroes en esta historia; solo supervivientes que intentan cumplir con su cuota de entregas en un sistema que los desprecia. Abulí utiliza la premisa de la cerveza como una metáfora de las necesidades absurdas que mantienen en marcha los engranajes de una sociedad moribunda, subrayando la violencia inherente a la supervivencia.

Por su parte, el apartado visual de Josep María Beà es, sencillamente, magistral. En esta obra, Beà se aleja de sus experimentaciones más surrealistas o metafísicas para abrazar una estética de ciencia ficción "sucia" y detallista. Su diseño de maquinaria es fascinante: camiones cisterna que parecen fortalezas rodantes, prótesis mecánicas oxidadas y paisajes urbanos donde la arquitectura gótica se mezcla con la tecnología obsoleta. El uso de las sombras y las texturas refuerza esa sensación de opresión y suciedad que impregna cada página. El dibujo de Beà no solo ilustra el guion, sino que expande el universo de la obra, aportando una riqueza visual que invita a detenerse en cada viñeta para observar los detalles de un mundo que se cae a pedazos.

Uno de los puntos fuertes de *Los Repartidores de Cerveza* es su capacidad para equilibrar la acción desenfrenada con la reflexión sociopolítica. A través de los ojos de los repartidores, el lector es testigo de la degradación moral de la humanidad. La cerveza actúa como el opio del pueblo, el único elemento que evita que la masa social colapse por completo, lo que otorga a los protagonistas un poder fáctico que ellos mismos parecen ignorar o, al menos, no les importa mientras puedan seguir cobrando su parte.

En conclusión, *Los Repartidores de Cerveza* es un cómic imprescindible para entender la madurez que alcanzó la historieta española durante el "boom" del cómic adulto. Es una obra que rechaza las concesiones comerciales para ofrecer un relato crudo, visualmente impactante y narrativamente afilado. La sinergia entre el cinismo de Abulí y la imaginación desbordante de Beà convierte a este título en una pieza de culto que sigue manteniendo su vigencia como una sátira oscura sobre la condición humana y los excesos de la modernidad.

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