Escrito e ilustrado íntegramente por el veterano de la industria Dan Panosian, *Slots* es una propuesta de autor publicada bajo el sello Skybound de Image Comics que se sumerge en las entrañas de una Las Vegas alejada de los focos brillantes y el lujo artificial del Strip. La obra se presenta como un drama criminal con tintes de *noir* moderno, donde la suerte no es solo una estadística de casino, sino una fuerza de la naturaleza que el protagonista ha agotado casi por completo.
La narrativa se centra en Stanley Dance, un antiguo boxeador y estafador de poca monta que personifica el arquetipo del "perdedor carismático". Stanley es un hombre que ha vivido siempre al límite, confiando en su capacidad para encandilar a los demás y en una fortuna que, durante años, pareció estar de su lado. Sin embargo, al inicio de la historia, Dance es un hombre cuya cuenta de ahorros y de favores está en números rojos. Tras años de ausencia y de quemar puentes, Stanley decide regresar a Las Vegas, el único lugar donde alguna vez fue alguien, para intentar una última jugada que redima su existencia.
El conflicto principal se dispara cuando Stanley descubre que su antiguo mejor amigo y ahora rival, junto con una serie de figuras corporativas que representan la "nueva" Las Vegas, están intentando absorber y destruir los últimos vestigios de la ciudad que él conoció. En el centro de esta disputa se encuentra un casino decadente y la gente que Stanley dejó atrás, incluyendo a una antigua amante y a un hijo que no quiere saber nada de él. La trama no se limita a una simple historia de venganza o de un gran robo; es, ante todo, una crónica sobre la obsolescencia y la lucha de un hombre por demostrar que todavía tiene un valor en un mundo que lo ha dado por muerto.
Lo que distingue a *Slots* de otros dramas criminales es el control absoluto de Dan Panosian sobre la atmósfera. Como experto en el medio, Panosian utiliza su dibujo para narrar tanto como el guion. Su estilo en esta obra es rugoso, dinámico y profundamente texturizado. El uso del color es magistral: emplea una paleta que evoca el papel de periódico envejecido, los tonos ocres del desierto de Nevada y los neones desgastados de los moteles de carretera. Visualmente, el cómic se siente como una película de los años 70 filtrada por una sensibilidad contemporánea, donde cada arruga en el rostro de Stanley Dance cuenta una década de malas decisiones.
El ritmo de la obra es pausado pero implacable. Panosian se toma su tiempo para establecer la geografía emocional de los personajes antes de introducir los elementos de acción o los giros de guion. Stanley Dance no es un héroe convencional; es un manipulador que intenta hacer lo correcto por primera vez en su vida, y esa ambigüedad moral es el motor que mantiene el interés del lector. La relación con su hijo, quien ha seguido sus pasos en el mundo del boxeo pero bajo un código ético muy distinto, aporta una capa de drama generacional que eleva la historia por encima del género de timadores.
Temáticamente, *Slots* explora la idea de la "suerte" como una moneda de cambio finita. La obra plantea si es posible cambiar el destino cuando se han tomado todas las decisiones equivocadas o si, como en una máquina tragaperras, el resultado ya está programado antes de tirar de la palanca. Es una carta de amor y odio a Las Vegas, retratándola no como un paraíso de vacaciones, sino como un purgatorio para aquellos que no saben cuándo retirarse de la mesa.
En resumen, *Slots* es una obra compacta, estilizada y emocionalmente resonante. Es un ejercicio de narrativa visual donde el dibujo y el guion caminan de la mano para ofrecer un retrato crudo de la redención. Para el lector que busca una historia autoconclusiva, con personajes tridimensionales y un apartado artístico sobresaliente que huye de los estándares del cómic comercial de superhéroes, esta obra de Dan Panosian se posiciona como una lectura imprescindible dentro del catálogo de Image Comics. Es, en esencia, una apuesta arriesgada que, gracias al talento de su creador, termina llevándose el premio mayor en términos de calidad narrativa.