Aliens: Guerra contra la Tierra (originalmente publicada como *Aliens: Earth War* y posteriormente reeditada como *Aliens: Female War*) representa el clímax narrativo de la que es considerada la "trilogía original" de cómics de la franquicia, iniciada por Dark Horse Comics a finales de los años 80. Escrita por Mark Verheiden e ilustrada por el icónico Sam Kieth, esta obra cierra el arco argumental comenzado en *Aliens: Outbreak* y continuado en *Aliens: Nightmare Asylum*, consolidándose como una de las piezas más influyentes del universo expandido de los Xenomorfos.
La premisa sitúa al lector en un escenario apocalíptico: la Tierra ha sucumbido ante la infestación alienígena. El planeta azul ya no pertenece a la humanidad; se ha convertido en un nido masivo, un ecosistema hostil donde los supervivientes son una minoría desesperada que se refugia en bases orbitales o colonias remotas. La narrativa se aleja de la acción militarista convencional para adentrarse en una atmósfera de derrota absoluta y supervivencia extrema. En este contexto, el guion de Verheiden recupera a los tres pilares fundamentales de la mitología de la saga: una endurecida Ellen Ripley, un curtido cabo Hicks y una joven pero traumatizada Newt. Es importante destacar que este cómic se publicó antes del estreno de *Alien 3*, por lo que ofrece una línea temporal alternativa donde estos personajes sobrevivieron a los eventos de LV-426 y deben enfrentar las consecuencias de la negligencia corporativa de Weyland-Yutani.
El núcleo de la trama gira en torno a un plan audaz y suicida. Ante la imposibilidad de recuperar la Tierra mediante la fuerza bruta, Ripley propone una misión de infiltración sin precedentes. El objetivo no es simplemente exterminar a los Aliens en suelo terrestre, sino atacar el corazón de su estructura social. La historia introduce el concepto de la "Reina Madre", la cúspide de la jerarquía Xenomorfa, cuya captura o destrucción es vista como la única posibilidad de desestabilizar la infestación global. El viaje lleva a los protagonistas desde los confines del espacio profundo de vuelta a una Tierra irreconocible, cubierta por biomasa alienígena y estructuras de colmena que han devorado las grandes metrópolis.
Visualmente, el cómic es una experiencia disruptiva gracias al arte de Sam Kieth. A diferencia del realismo técnico de entregas anteriores, Kieth aporta un estilo expresionista, casi onírico y profundamente visceral. Sus diseños de los Xenomorfos son grotescos y fluidos, enfatizando su naturaleza orgánica y alienígena por encima de su aspecto mecánico. Las proporciones exageradas y el uso de sombras densas refuerzan la sensación de pesadilla constante que viven los personajes. Este apartado artístico es fundamental para transmitir la desesperanza de una humanidad que ha perdido su hogar y la alienación psicológica de Newt y Ripley, quienes cargan con cicatrices emocionales profundas.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia, la obra explora temas como el sacrificio, el trauma postraumático y la arrogancia de la especie humana al intentar controlar una fuerza de la naturaleza que no comprende. La dinámica entre Ripley y Newt se profundiza, estableciendo un vínculo materno-filial que sirve como el ancla emocional de la historia en medio del caos biológico. Hicks, por su parte, encarna la resiliencia del soldado que, a pesar de saber que la guerra está perdida, se niega a dejar de luchar.
Aliens: Guerra contra la Tierra no es solo un cómic de ciencia ficción y terror; es el cierre de una era dorada para Dark Horse. Logra expandir la mitología de los Aliens introduciendo conceptos de biología social insectoide que serían utilizados en décadas posteriores por otros autores. Para el lector, esta obra ofrece una visión cruda y definitiva de lo que sucedería si el "organismo perfecto" lograra llegar a nuestro mundo, convirtiendo la lectura en un viaje asfixiante hacia la redención o la extinción final. Es una pieza imprescindible para entender por qué, más allá de las películas, el universo de Alien encontró en las viñetas el espacio ideal para explorar sus posibilidades más oscuras y ambiciosas.