Toro, la obra escrita por Pablo Durá y dibujada por David Daza, se erige como una de las propuestas más robustas y singulares dentro del panorama del cómic de género en España. Publicada bajo el sello Evolution de Panini Comics, esta obra no es simplemente una historia de justicieros, sino una deconstrucción del mito del superhéroe trasladada a una realidad social y política puramente ibérica. La narrativa se aleja de los tropos coloridos de las editoriales estadounidenses para sumergirse en un terreno pantanoso donde la épica se mezcla con el desencanto, el realismo sucio y la crítica institucional.
La trama nos presenta a un protagonista que da nombre al título: Toro. En el pasado, Toro no fue un vigilante cualquiera; fue el símbolo máximo de la justicia en España, un icono de poder y rectitud que operaba bajo el amparo del sistema. Sin embargo, el tiempo y las circunstancias lo han relegado al ostracismo. La historia arranca años después de su época de gloria, mostrándonos a un hombre que carga con el peso de sus errores, el desgaste físico y la amargura de haber sido utilizado por un engranaje político que, una vez dejó de serle útil, lo desechó sin miramientos.
El motor de la historia se activa cuando Toro se ve obligado a salir de su retiro. No lo hace por un deseo de redención heroica ni por un llamado al deber patriótico, sino por una necesidad visceral y personal que lo empuja a enfrentarse de nuevo a un mundo que ya no reconoce. La España que Toro encuentra a su regreso es un reflejo cínico de la actualidad: un país sumido en la corrupción, donde las líneas entre el bien y el mal están difuminadas por intereses económicos y juegos de poder en las sombras. En este contexto, el protagonista debe navegar por una red de conspiraciones que conectan su pasado como "héroe nacional" con las cloacas del Estado actual.
Desde el punto de vista narrativo, Pablo Durá opta por un tono de thriller noir con tintes de drama crepuscular. El guion evita las florituras innecesarias y se centra en la construcción de una atmósfera opresiva. El ritmo es pausado pero implacable, permitiendo que el lector sienta la pesadez de los pasos del protagonista. Toro es un personaje de pocas palabras, cuya psicología se revela a través de sus acciones y de la interacción con un entorno que lo observa con una mezcla de temor y desprecio. La obra explora temas profundos como la obsolescencia, la manipulación de los símbolos nacionales y la imposibilidad de escapar de un legado violento.
El apartado visual de David Daza es el complemento perfecto para esta visión descarnada. Su dibujo huye de la idealización anatómica propia del género de mallas para ofrecer un estilo detallado, rugoso y profundamente expresivo. Daza utiliza una narrativa visual cinematográfica, con una composición de página que enfatiza la soledad del héroe y la sordidez de los escenarios urbanos. El uso de las sombras y el entintado refuerzan esa sensación de "España negra", donde la luz del sol parece no alcanzar a iluminar los rincones más osc