James Bond 007

La incursión de James Bond en el mundo del noveno arte ha tenido diversas etapas, pero la encarnación moderna publicada por Dynamite Entertainment, que comenzó en 2015, representa la destilación más pura y visceral del agente 007 fuera de las novelas originales de Ian Fleming. Esta serie de cómics no busca imitar el espectáculo pirotécnico de las adaptaciones cinematográficas recientes, sino que se sumerge en la frialdad procedimental y la brutalidad pragmática que definieron al personaje en su concepción literaria.

La narrativa se sitúa en un contexto contemporáneo, donde el espionaje ha evolucionado hacia la guerra cibernética y las amenazas biológicas, pero donde la figura del "instrumento romo" —como el propio M describe a Bond— sigue siendo una necesidad incómoda para el gobierno británico. El cómic arranca con una premisa clara: tras la muerte de un agente 00 en una misión fallida, James Bond debe asumir sus responsabilidades y desmantelar una red de tráfico de drogas sintéticas que está inundando Londres. Sin embargo, lo que comienza como una operación de limpieza rutinaria pronto se revela como una conspiración mucho más profunda que involucra a ex-agentes resentidos y corporaciones tecnológicas con agendas geopolíticas propias.

Uno de los pilares fundamentales de esta obra es el guion, inicialmente a cargo de Warren Ellis. El autor prescinde de las florituras y los juegos de palabras seductores para presentarnos a un Bond que es, ante todo, un asesino profesional. Este 007 es un hombre de pocas palabras, cuya eficiencia radica en su capacidad para observar, adaptarse y ejecutar. La relación con el MI6 se presenta de forma burocrática y tensa; M es un superior pragmático que lidia con recortes presupuestarios y presiones políticas, mientras que Moneypenny y Q se alejan de sus tropos cómicos para convertirse en piezas clave de la logística operativa.

Visualmente, el cómic adopta un estilo cinematográfico pero extremadamente limpio. El dibujo de artistas como Jason Masters se caracteriza por una narrativa secuencial impecable, especialmente en las escenas de acción. Estas secuencias están coreografiadas con una precisión quirúrgica, donde cada movimiento, cada recarga de arma y cada impacto de bala se narra con una claridad que permite al lector seguir el flujo del combate sin confusión. No hay espacio para el caos visual; la violencia es directa, seca y carente de gloria, subrayando la naturaleza del trabajo de Bond.

A medida que la serie avanza a través de diferentes arcos argumentales como "VARGR", "Eidolon" o "Hammerhead", el cómic explora la relevancia de la sección 00 en un mundo post-Guerra Fría. Se plantean dilemas sobre la soberanía nacional, la privatización de la inteligencia y el coste humano de mantener el statu quo. A diferencia de las películas, donde el villano suele tener un plan de dominación mundial extravagante, los antagonistas en el cómic suelen ser reflejos oscuros del propio sistema británico o amenazas tangibles que operan en las sombras de la legalidad internacional.

El diseño de producción del cómic también merece mención. Desde la vestimenta de Bond, que recupera la elegancia funcional, hasta la representación de las localizaciones —que van desde los muelles industriales de Berlín hasta los laboratorios de alta seguridad en el Reino Unido—, todo contribuye a una atmósfera de realismo sucio. Los dispositivos tecnológicos (gadgets) son escasos y realistas, alejándose de lo fantástico para centrarse en herramientas que un agente real podría utilizar en el campo.

En resumen, 'James Bond 007' es una obra esencial para entender la evolución del espionaje en el cómic moderno. Es una serie que respeta profundamente el material de origen de Fleming mientras lo proyecta hacia las ansiedades del siglo XXI. Ofrece una visión desmitificada del espía más famoso del mundo, centrándose en la mecánica del oficio, la soledad del agente y la implacable resolución de un hombre que sabe que es prescindible, pero que se niega a fallar. Es una lectura obligatoria para quienes buscan una narrativa de acción inteligente, un ritmo trepidante y una caracterización psicológica que va mucho más allá del esmoquin y el martini.

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