*Juan Solo* (conocida en otros mercados como *The Son of the Gun*) representa una de las cumbres narrativas de la colaboración entre el guionista chileno Alejandro Jodorowsky y el dibujante francés Georges Bess. Publicada originalmente en cuatro álbumes entre 1995 y 1999 por Les Humanoïdes Associés, esta obra se distancia del misticismo metafísico de otros trabajos de la dupla, como *El Lama Blanco*, para adentrarse en los terrenos del realismo sucio, el *noir* hiperviolento y la tragedia griega ambientada en una urbe latinoamericana en descomposición.
La premisa arranca con un nacimiento marcado por la deformidad y el abandono. Un bebé nace con una cola vestigial, un rasgo físico que lo marca como un paria desde su primer aliento. Abandonado en un basurero de una metrópolis corrupta y asfixiante, el niño es rescatado por un enano travesti que sobrevive en los márgenes de la sociedad. Este inicio establece el tono de la obra: una exploración de la supervivencia en un entorno donde la moralidad es un lujo inexistente y la violencia es el único lenguaje universal.
A medida que el protagonista, bautizado como Juan Solo, crece, la narrativa se transforma en un crudo relato de ascenso criminal. Juan no es un antihéroe al uso; es un sociópata funcional, un hombre despojado de empatía cuya única brújula es el beneficio propio y el ejercicio del poder. Su ascenso en el escalafón del crimen organizado y su posterior vinculación con las altas esferas del poder político sirven a Jodorowsky para realizar una disección despiadada de la corrupción institucional. La ciudad donde transcurre la acción, aunque ficticia, funciona como un espejo de las dictaduras y las democracias fallidas, donde el narcotráfico, la policía y el gobierno forman una tríada inseparable.
El guion de Jodorowsky utiliza la figura de Juan Solo para explorar temas recurrentes en su bibliografía: el determinismo biológico, la búsqueda de la identidad y la posibilidad (o imposibilidad) de la redención. Juan es un personaje que parece condenado por su origen, un hombre que intenta cortar sus raíces —literal y figuradamente— para forjar un destino propio, solo para descubrir que el pasado es una sombra de la que no se puede escapar. A diferencia de otras obras del autor, aquí el componente espiritual es sutil, manifestándose más como una fatalidad trágica que como una iluminación mística.
En el apartado visual, Georges Bess alcanza un nivel de maestría técnica sobresaliente. Su dibujo, caracterizado por un realismo detallado y un entintado vigoroso, es capaz de retratar tanto la sordidez de los callejones infestados de ratas como la opulencia decadente de los palacios presidenciales. Bess utiliza una narrativa visual dinámica que no escatima en crudeza cuando la acción lo requiere, pero que también sabe detenerse en momentos de introspección psicológica. El diseño de personajes es fundamental: la evolución física de Juan, que pasa de ser un joven fibroso y hambriento a un hombre cuya presencia irradia una amenaza constante, está plasmada con una precisión quirúrgica.
La estructura de la obra sigue un arco vital completo, permitiendo al lector ser testigo de la transformación de Juan Solo a lo largo de las décadas. No se trata solo de una historia de gánsteres; es un estudio sobre la soledad absoluta. El título no es casual: Juan está solo por elección, por necesidad y por destino. Su incapacidad para establecer vínculos emocionales genuinos lo convierte en una fuerza de la naturaleza imparable, pero también en un ser profundamente trágico.
*Juan Solo* es, en definitiva, un cómic fundamental para entender la evolución del cómic europeo de finales del siglo XX. Es una obra que desafía al lector, presentándole a un protagonista abyecto en un mundo sin esperanza, pero narrado con una fuerza visual y literaria que lo mantiene cautivo hasta la última página. Es una pieza clave en la producción de Jodorowsky, donde el exceso y la provocación están al servicio de una historia sólida, coherente y devastadora sobre la condición humana en sus circunstancias más extremas.