Sleeper Vol. 2, escrita por Ed Brubaker y dibujada por Sean Phillips, constituye la conclusión de una de las obras más influyentes del género negro aplicado al ámbito de los superhumanos. Publicada originalmente bajo el sello Wildstorm, esta segunda parte —a menudo referida como la "Segunda Temporada"— profundiza en la deconstrucción del espionaje y la moralidad ambigua, alejándose definitivamente de los tropos heroicos convencionales para sumergirse en una narrativa de nihilismo y supervivencia.
La trama retoma la asfixiante situación de Holden Carver, un agente encubierto dotado de la capacidad de no sentir dolor y de transferir dicho sufrimiento a otros mediante el tacto. Carver se encuentra en una posición desesperada: está infiltrado en la organización criminal de Tao, un genio amoral y manipulador de inteligencia sobrehumana. El conflicto central de este segundo volumen radica en el aislamiento absoluto del protagonista. John Lynch, el único contacto de Carver en el mundo de la inteligencia oficial y la única persona capaz de demostrar que es un agente doble y no un criminal, permanece en estado de coma. Sin una identidad legal a la que regresar y perseguido por las agencias gubernamentales que lo ven como un traidor, Carver se ve obligado a navegar por las estructuras de poder de Tao, cuestionando si todavía queda algo del hombre que solía ser.
En este volumen, la narrativa se expande para explorar la infraestructura del sindicato de Tao. A diferencia de otras organizaciones de villanos, la de Tao funciona con una eficiencia corporativa y una crueldad lógica que desafía la ética tradicional. La relación entre Carver y Tao se vuelve más compleja; no es simplemente una dinámica de héroe contra villano, sino un juego psicológico de gato y ratón donde las lealtades son fluidas. Tao parece conocer los secretos de Carver, pero permite que siga operando, lo que genera una tensión constante sobre los verdaderos motivos del antagonista.
Un elemento fundamental de esta entrega es el desarrollo de los personajes secundarios, especialmente Miss Misery. Su relación con Carver se intensifica, sirviendo como un espejo oscuro de la propia degradación moral del protagonista. A través de ella, Brubaker explora la idea de que, en un mundo donde el poder corrompe de forma absoluta, la única conexión humana posible nace del trauma compartido y la aceptación de la propia monstruosidad. El cómic no busca la redención de sus personajes, sino que documenta su caída o su adaptación a un entorno hostil.
Visualmente, el trabajo de Sean Phillips es indispensable para la identidad de la obra. Su estilo, caracterizado por un uso intensivo de las sombras y una narrativa visual sucia y granulada, refuerza la atmósfera de cine noir. Phillips logra que los elementos fantásticos —los poderes de los personajes— se sientan mundanos y peligrosos, integrándolos en un entorno de callejones lluviosos, oficinas lúgubres y moteles de carretera. La paleta de colores, a menudo apagada, subraya la sensación de desesperanza que impregna el guion.
Sleeper Vol. 2 se distingue por su ritmo implacable. Mientras que el primer volumen establecía las reglas del juego y la premisa de la infiltración, esta continuación se centra en las consecuencias de vivir una mentira durante demasiado tiempo. La obra plantea preguntas incómodas sobre la identidad: si actúas como un monstruo para salvar al mundo, pero el mundo te olvida, ¿sigues siendo un héroe o te has convertido en aquello que juraste destruir? Es una exploración cruda de la traición, donde la línea entre el deber y la autogestión desaparece, culminando en un desenlace que evita los finales complacientes para ofrecer una resolución coherente con el tono cínico y realista de toda la serie. En definitiva, es una pieza esencial para entender la evolución del cómic de autor dentro de los universos compartidos de superpoderes.