Albany y Sturgess, creada por el polifacético autor español Vicente Cifuentes, es una obra que se erige como un exponente fundamental del género *steampunk* dentro del panorama del cómic europeo contemporáneo. La narrativa nos traslada a una versión alternativa y anacrónica del Londres victoriano, un escenario donde la Revolución Industrial no solo transformó la economía, sino que redefinió las leyes de la tecnología y la sociedad a través del vapor, los engranajes y una estética retrofuturista meticulosamente detallada.
La trama se articula en torno a una pareja de protagonistas con una dinámica clásica pero profundamente efectiva. Por un lado, tenemos a Sturgess, un hombre de mediana edad, experimentado y con un aire de veteranía que sugiere un pasado lleno de vivencias y, posiblemente, cicatrices. Sturgess encarna la figura del mentor y el estratega, aportando la templanza y el conocimiento necesario para navegar por los bajos fondos y las altas esferas de una metrópolis tan fascinante como peligrosa. Por otro lado, Albany representa la energía, la curiosidad y la audacia. Es una joven que rompe con los moldes de la feminidad victoriana tradicional, mostrando una destreza técnica y una valentía que la sitúan a la par de su compañero en cada situación de riesgo.
La relación entre ambos no es meramente profesional; existe una química de respeto mutuo y una interdependencia que se convierte en el motor emocional de la historia. Juntos, operan como investigadores o "solucionadores" de problemas en un mundo donde la ciencia parece rozar lo sobrenatural. Sus misiones los llevan a enfrentarse a conspiraciones que amenazan el orden establecido, artefactos mecánicos de una complejidad asombrosa y misterios que requieren tanto de la deducción intelectual como de la acción física directa.
El entorno en el que se mueven es, en sí mismo, un personaje más. El Londres de Cifuentes está saturado de detalles: desde los inmensos dirigibles que surcan cielos perpetuamente nublados por el hollín, hasta los callejones adoquinados donde la luz de gas compite con el brillo de prótesis mecánicas y autómatas. La atmósfera es densa, logrando transmitir esa sensación de una sociedad en transición, atrapada entre la rigidez de las costumbres del siglo XIX y el vértigo de una tecnología que avanza más rápido que la ética humana.
Desde el punto de vista narrativo, el cómic evita los tropos más manidos del género para centrarse en una construcción de mundo sólida. No se limita a poner engranajes decorativos en la ropa de los personajes; la tecnología tiene un peso real en la trama y en la resolución de los conflictos. El guion equilibra con acierto los momentos de exposición y desarrollo de personajes con secuencias de acción vibrantes, manteniendo un ritmo constante que invita a la lectura inmersiva.
El apartado visual merece una mención especial, ya que Vicente Cifuentes vuelca toda su experiencia en la industria estadounidense (habiendo trabajado para gigantes como DC Comics y Marvel) en este proyecto personal. Su trazo es limpio pero rico en texturas, con un diseño de producción que denota una investigación previa exhaustiva sobre la moda y la arquitectura de la época, filtrada por el tamiz de la fantasía tecnológica. El diseño de los ingenios mecánicos es coherente y visualmente impactante, aportando la verosimilitud necesaria para que el lector acepte las premisas más fantásticas de la obra.
En conclusión, Albany y Sturgess es una propuesta imprescindible para los amantes de la aventura clásica y la ciencia ficción de corte histórico. Es una obra que celebra el sentido de la maravilla, explorando temas como el progreso desmedido, la lealtad y la búsqueda de la verdad en un mundo de sombras y vapor. Sin recurrir a artificios innecesarios, Cifuentes logra construir un universo con identidad propia que deja al lector con ganas de explorar cada rincón de ese Londres alternativo junto a su carismática pareja protagonista.