Valentin Sento

Valentin Sento, la obra escrita por Roberto Corroto e ilustrada por Julia Madrigal, se erige como una de las propuestas más refrescantes y visualmente potentes dentro del panorama del cómic español contemporáneo. Publicada originalmente bajo el sello de Grafito Editorial, esta obra se adentra con maestría en el género de la aventura con tintes de *steampunk* y ucronía, situando su acción en un marco histórico tan fascinante como estratégico: la Barcelona de finales del siglo XIX.

La trama nos sitúa específicamente en el año 1888, un momento crucial para la Ciudad Condal debido a la celebración de la Exposición Universal. Este evento no es solo un telón de fondo, sino un motor narrativo que justifica la atmósfera de innovación, progreso tecnológico y tensiones políticas que permean cada página. En este contexto de efervescencia industrial y científica, conocemos a nuestro protagonista, Valentin Sento, un joven que carga con un legado familiar tan extraordinario como peligroso.

Valentin no es un héroe convencional. Su rasgo más distintivo, y el eje central de gran parte del misterio, es su brazo izquierdo: una sofisticada prótesis mecánica que supera con creces la tecnología de la época. Este ingenio no es solo una herramienta de defensa o una curiosidad estética, sino el testamento físico de los conocimientos de su padre, un inventor visionario cuya desaparición o destino incierto marca el punto de partida de la búsqueda personal del protagonista. La narrativa se construye sobre la necesidad de Valentin de comprender el origen de su propia naturaleza y los secretos que su progenitor intentó proteger.

La sinopsis nos sumerge en una investigación que arranca cuando Valentin se ve envuelto en una conspiración que trasciende sus problemas personales. La Barcelona que recorre el protagonista es un laberinto de contrastes: desde los lujosos pabellones de la Exposición, donde se exhiben los milagros de la electricidad y el vapor, hasta los callejones más sombríos y peligrosos de la ciudad. En su camino, Valentin descubrirá que no es el único interesado en los avances tecnológicos de su padre. Diversas facciones, que incluyen desde sociedades secretas hasta intereses industriales sin escrúpulos, acechan en las sombras con el objetivo de hacerse con una tecnología que podría alterar el equilibrio de poder mundial.

El guion de Roberto Corroto destaca por su capacidad para equilibrar el ritmo frenético de las escenas de acción con momentos de desarrollo de personajes. Valentin cuenta con aliados que aportan matices a la historia, creando una dinámica de grupo que recuerda a los grandes clásicos de la literatura de aventuras de Julio Verne o H.G. Wells, pero con una sensibilidad moderna. La trama evita caer en los tropos vacíos del *steampunk* decorativo; aquí, la tecnología tiene un peso real en la trama y consecuencias tangibles para quienes la utilizan.

En el apartado visual, el trabajo de Julia Madrigal es fundamental para la identidad del cómic. Su estilo, caracterizado por un trazo dinámico y una expresividad desbordante, dota a la obra de una energía cinética constante. El diseño de producción es meticuloso: desde la arquitectura de la Barcelona decimonónica hasta los complejos mecanismos de los ingenios mecánicos. El uso del color refuerza la atmósfera, alternando tonos cálidos y vibrantes en los momentos de maravilla tecnológica con paletas más frías y opresivas cuando el peligro acecha. La composición de las viñetas rompe a menudo la estructura tradicional para enfatizar la agilidad de los movimientos de Valentin, logrando que el lector sienta el peso y la potencia de su brazo mecánico.

Valentin Sento es, en esencia, una historia sobre la identidad y el precio del progreso. A través de una estructura de misterio y persecución, el cómic explora cómo los avances científicos pueden ser tanto una bendición como una maldición, dependiendo de las manos que los controlen. Sin recurrir a giros innecesarios, la obra mantiene una tensión constante, guiando al

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