Doctor Who Classics – El Septimo Doctor

La etapa del Séptimo Doctor en el formato de viñetas, recopilada bajo el sello *Doctor Who Classics*, representa uno de los periodos más fascinantes y maduros en la historia de la narrativa expandida de la franquicia. Estas historias, publicadas originalmente en las páginas de la *Doctor Who Magazine* a finales de los años 80 y principios de los 90, coinciden con el final de la serie clásica en televisión y el inicio de los llamados "años perdidos". La edición *Classics* rescata este material, aplicándole un proceso de coloreado moderno que revitaliza el detallado dibujo original en blanco y negro, permitiendo que una nueva generación de lectores descubra la encarnación más enigmática del Señor del Tiempo.

El cómic de 'Doctor Who Classics – El Séptimo Doctor' se aleja de la ligereza de épocas anteriores para abrazar una atmósfera de ciencia ficción dura, intriga política y horror cósmico. Aquí, el Doctor, interpretado visualmente con la efigie de Sylvester McCoy, se desprende de su faceta de bufón excéntrico para revelarse como el "Ajedrecista": un manipulador cósmico que mueve piezas a través del tiempo y el espacio para combatir amenazas que superan la comprensión humana. A diferencia de otras encarnaciones que reaccionan ante el peligro, este Séptimo Doctor suele estar tres pasos por delante de sus enemigos, a menudo ocultando sus verdaderas intenciones incluso a su compañera de viaje.

Ace, la icónica acompañante de esta era, recibe un tratamiento excepcional en estas páginas. En el cómic, su desarrollo es más visceral que en la pantalla. Se presenta como una joven que lidia con su propio trauma y crecimiento, convirtiéndose en una figura de acción capaz de enfrentarse a hordas de Daleks o Cybermen con una determinación feroz. La dinámica entre ambos es el núcleo emocional de la obra: una relación de mentor y alumna que roza lo paternal, pero que siempre está teñida por la sombra de los secretos que el Doctor guarda sobre el destino de la joven.

Desde el punto de vista artístico, esta etapa cuenta con el trabajo de maestros como Lee Sullivan, cuyo trazo es fundamental para definir la estética de la era. Sullivan destaca por su precisión técnica, especialmente al retratar la tecnología de los Señores del Tiempo y la arquitectura de razas alienígenas. Su capacidad para capturar el parecido de McCoy y Sophie Aldred (Ace) sin sacrificar el dinamismo de la acción es notable. El guion, a menudo a cargo de nombres como Dan Abnett o Andrew Cartmel, aprovecha la falta de restricciones presupuestarias del papel para presentar batallas espaciales de escala épica y mundos alienígenas de una complejidad visual que la BBC de la época no habría podido costear.

Las tramas contenidas en estos volúmenes exploran el lore de Gallifrey y el pasado del Doctor con una profundidad inusual. Se introducen conceptos que más tarde influirían en la serie moderna, como la idea del Doctor como una figura temida por las civilizaciones más antiguas del universo. Los arcos argumentales no se limitan a la resolución de un conflicto inmediato, sino que construyen una mitología propia donde el Doctor se enfrenta a deidades primordiales y a la corrupción de imperios galácticos.

La edición *Classics* es, en esencia, un puente entre la nostalgia y la modernidad. El coloreado digital respeta las sombras y el entintado original, pero añade una capa de profundidad atmosférica que resalta la oscuridad de los guiones. Es una lectura imprescindible para entender la evolución del personaje hacia la figura sombría y compleja que conocemos hoy. En estas páginas, el Séptimo Doctor no solo viaja en la TARDIS; libra una guerra silenciosa contra el caos, recordándonos que, bajo su sombrero de Panamá y su paraguas con signo de interrogación, se esconde el ser más peligroso del universo. Este cómic es el testimonio de una era donde *Doctor Who* se atrevió a ser más oscuro, más ambicioso y, sobre todo, más inteligente.

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