La orden de los dragones

La orden de los dragones, escrita por Mikel Begoña e ilustrada por Iñaket, es una de las obras más ambiciosas y meticulosas del panorama del cómic histórico español contemporáneo. Publicada originalmente por la editorial Astiberri, esta novela gráfica se aleja de la fantasía épica que su título podría sugerir para adentrarse en los lodos de la revolución industrial, la intriga política y el destino trágico de uno de los iconos más grandes del siglo XX: el RMS Titanic.

La trama se sitúa en el Bilbao de 1912, una ciudad que en aquel entonces funcionaba como el corazón palpitante de la industria siderúrgica europea. La narrativa nos presenta a Julián, un joven dibujante y delineante que trabaja en los astilleros y que, casi por accidente, se ve envuelto en una red de conspiraciones que trascienden las fronteras locales. A través de sus ojos, el lector descubre la existencia de "La Orden de los Dragones", una sociedad secreta compuesta por la élite industrial y financiera de la época. Estos hombres, que manejan los hilos del progreso y el capital, no solo buscan el beneficio económico, sino que aspiran a moldear el curso de la historia mediante el control del acero y la tecnología.

El eje central del conflicto gira en torno a la construcción del Titanic. La obra explora la teoría —basada en ciertos matices históricos y licencias narrativas bien documentadas— de que el acero utilizado para el casco del transatlántico, suministrado en parte por las fundiciones vascas, podría haber tenido defectos estructurales o haber sido objeto de sabotajes y manipulaciones por parte de esta logia de industriales. La historia no se limita a ser un relato de espionaje; es un retrato social crudo de una época marcada por la desigualdad extrema, donde el humo de las chimeneas de la ría de Bilbao simboliza tanto el progreso como la opresión de la clase obrera.

Mikel Begoña construye un guion denso y bien estructurado que entrelaza hechos reales con una ficción de suspense noir. La investigación de Julián lo lleva a recorrer los bajos fondos y los palacios de la burguesía, revelando cómo la ambición desmedida de unos pocos puede condenar a miles. La narrativa evita los maniqueísmos simples, presentando a los miembros de la Orden no como villanos de opereta, sino como hombres convencidos de que su visión del mundo es la única necesaria para el avance de la civilización, sin importar el coste humano.

En el apartado visual, el trabajo de Iñaket es fundamental para la inmersión del lector. Su estilo, caracterizado por un trazo detallado y una documentación arquitectónica soberbia, recrea el Bilbao gris y metálico de principios de siglo con una precisión casi fotográfica. El uso de una paleta de colores sobria, dominada por tonos ocres, grises y sepias, refuerza la atmósfera de opresión industrial y misterio. Las composiciones de página son dinámicas pero mantienen una sobriedad que encaja perfectamente con el tono serio de la obra. El dibujo logra transmitir la escala colosal de las máquinas y los barcos, haciendo que el entorno se sienta como un personaje más, pesado y omnipresente.

"La orden de los dragones" destaca por su capacidad para elevar el cómic histórico a una categoría de análisis sociopolítico. No se queda en la superficie de la anécdota del Titanic, sino que profundiza en las dinámicas de poder que definieron el inicio de la modernidad. Es una obra que exige una lectura atenta, recompensando al lector con una trama inteligente donde el suspense se cocina a fuego lento. Sin recurrir a elementos sobrenaturales, los autores logran que la "Orden" resulte aterradora por su verosimilitud y por la frialdad con la que sus miembros deciden el destino de los pasajeros del barco "insumergible". En definitiva, es una pieza clave para entender la evolución de la novela gráfica en España, combinando rigor histórico, crítica social y una narrativa de intriga impecable.

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