Wollodrin

*Wollodrin* es una de las obras más sólidas y representativas de la fantasía heroica contemporánea dentro del mercado del cómic franco-belga (BD). Creada por el guionista David Chauvel y el dibujante Jérôme Lereculey, esta serie nace como una expansión espiritual de su colaboración previa en el volumen *7 Ladrones* (de la serie antológica *7*), donde los autores demostraron una capacidad excepcional para revitalizar los tropos del género. En *Wollodrin*, Chauvel y Lereculey construyen un universo vasto, crudo y políticamente complejo que se aleja de los maniqueísmos habituales para centrarse en la supervivencia, el prejuicio y la redención.

La trama se sitúa en un mundo donde las razas clásicas de la fantasía —humanos, orcos, enanos y elfos— coexisten en un equilibrio precario marcado por siglos de guerras, odios raciales y una desconfianza sistémica. La historia arranca con una premisa que recuerda a los grandes relatos de misiones suicidas: la sobrina del influyente señor de Marvengard ha sido secuestrada por una horda de orcos durante una incursión fronteriza. Ante la imposibilidad de enviar un ejército sin provocar una guerra total, las autoridades optan por una solución pragmática y desesperada: reunir a un grupo de convictos condenados a muerte para llevar a cabo una misión de rescate en territorio enemigo.

Este grupo de parias constituye el corazón narrativo de la obra. A diferencia de las compañías de héroes tradicionales, los protagonistas de *Wollodrin* no están unidos por el honor o el destino, sino por la necesidad de evitar el patíbulo. Entre ellos destacan figuras como Onim, un orco de una nobleza inusual que vive exiliado de su propia cultura, y Wïnhbor, un enano cínico y letal. La dinámica entre estos personajes es tensa y evoluciona de forma orgánica; Chauvel evita los diálogos expositivos innecesarios y permite que el lector descubra el pasado y las motivaciones de cada integrante a través de sus acciones y de los conflictos internos que surgen durante el viaje.

El mundo de Wollodrin destaca por su realismo sucio. No es una tierra de magia brillante y caballeros de armadura reluciente, sino un lugar donde el clima, el hambre y la geografía son tan peligrosos como el acero enemigo. La estructura de la serie se organiza en arcos argumentales (generalmente de dos álbumes cada uno) que permiten explorar diferentes facetas de este universo. El primer arco, titulado *La mañana de las cenizas*, establece el tono de la serie: una mezcla de aventura épica con un enfoque psicológico profundo, donde la línea entre la civilización y la barbarie es extremadamente delgada.

En el apartado visual, el trabajo de Jérôme Lereculey es magistral y fundamental para la identidad del cómic. Su dibujo se caracteriza por un realismo detallado que otorga una fisicidad tangible a los personajes y a los entornos. Lereculey huye de las representaciones genéricas; sus orcos tienen una anatomía y una cultura visual propias, sus enanos poseen una robustez creíble y los paisajes —desde bosques densos hasta cordilleras inhóspitas— están representados con una escala que transmite la inmensidad del mundo. La narrativa visual es fluida, con una planificación de página que prioriza la claridad en las secuencias de acción y la expresividad en los momentos de introspección.

Otro pilar fundamental de *Wollodrin* es su tratamiento de la política y la sociología de las razas. Chauvel utiliza la fantasía para reflexionar sobre el racismo y la alteridad. El conflicto no es simplemente "el bien contra el mal", sino un choque de intereses territoriales, religiosos y culturales. Los orcos no son presentados como monstruos sin mente, sino como una sociedad con sus propias leyes, ritos y estructuras de poder, lo que añade una capa de ambigüedad moral a la misión de los protagonistas.

En conclusión, *Wollodrin* es una obra imprescindible para cualquier seguidor del género que busque una narrativa madura y bien construida. Es un cómic que respeta las convenciones de la fantasía heroica pero que no teme subvertirlas para ofrecer una historia de personajes rotos en un mundo que no ofrece segundas oportunidades fácilmente. La combinación del guion preciso de Chauvel y el arte inmersivo de Lereculey convierte a esta serie en un referente moderno de la BD de aventuras, logrando un equilibrio perfecto entre el espectáculo visual y la profundidad dramática.

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