Predator: Primal representa una de las incursiones más viscerales y atmosféricas de la franquicia bajo el sello de Marvel Comics, consolidando la etapa del guionista Ed Brisson como uno de los arquitectos modernos más eficaces del mito del Yautja. En esta miniserie, ilustrada con una crudeza impactante por Netho Diaz, la narrativa se aleja de los entornos urbanos o las selvas tropicales para sumergir al lector en un escenario donde la naturaleza es tan letal como el cazador extraterrestre: el gélido e implacable desierto ártico.
La premisa de la obra se centra en un grupo de conservacionistas y expertos en vida silvestre que se encuentran en una misión de seguimiento y protección de la fauna local. Su objetivo principal es un imponente oso grizzly, un alfa en su ecosistema que ha estado mostrando comportamientos inusuales. Sin embargo, lo que comienza como una labor científica y de preservación se transforma rápidamente en una pesadilla de supervivencia cuando descubren que no son los únicos rastreando a la gran bestia. Un Predator ha descendido a la Tierra, y esta vez no busca trofeos militares ni tecnología avanzada; busca la esencia misma de la caza en su forma más pura y salvaje.
El título, Primal, no es accidental. La historia despoja a la franquicia de las complicaciones conspiranoicas o las guerras a gran escala para centrarse en la jerarquía de la cadena alimenticia. El guion de Brisson establece un paralelismo fascinante entre el oso, los humanos y el Yautja. A través de una narrativa de ritmo frenético, el cómic explora qué sucede cuando el depredador definitivo se enfrenta a un entorno donde su tecnología, aunque superior, se ve puesta a prueba por las condiciones climáticas extremas y la ferocidad instintiva de la fauna terrestre.
Visualmente, el trabajo de Netho Diaz es fundamental para transmitir la sensación de aislamiento y peligro constante. Sus lápices capturan con detalle la textura del pelaje, la sangre sobre la nieve y la imponente fisonomía del Predator, que en esta entrega luce un aspecto que rinde homenaje a los diseños clásicos pero con una robustez adaptada al clima hostil. Las secuencias de acción están coreografiadas con una claridad que permite apreciar la brutalidad de los enfrentamientos, subrayando la vulnerabilidad de los protagonistas humanos, quienes, a diferencia de los marines o mercenarios habituales en la saga, carecen de armamento pesado y deben confiar en su conocimiento del terreno y su ingenio para no convertirse en simples daños colaterales.
Uno de los puntos más destacados de Predator: Primal es cómo maneja la tensión silenciosa. Gran parte del cómic se apoya en la narrativa visual, permitiendo que el entorno hable por sí mismo. El aislamiento absoluto de la reserva natural funciona como una olla a presión; no hay refuerzos en camino ni refugios seguros. La obra plantea una pregunta constante: en un mundo donde la supervivencia depende del instinto más básico, ¿quién es realmente el depredador alfa?
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia, la trama se desarrolla como un juego del gato y el ratón a tres bandas. Los humanos intentan salvar al animal que juraron proteger, mientras el Yautja ve en ese mismo animal el desafío físico que justifica su viaje interestelar. Esta dinámica añade una capa de urgencia ética y emocional que a menudo falta en las historias de la franquicia, elevando el conflicto más allá del simple intercambio de disparos y explosiones.
En conclusión, Predator: Primal es una lectura esencial para los seguidores del personaje y para los amantes del género de supervivencia. Es un cómic que entiende que la verdadera esencia del Predator no reside solo en su arsenal de camuflaje y cuchillas, sino en el respeto por la caza y la confrontación directa con la naturaleza en su estado más indómito. Es una obra directa, visualmente poderosa y narrativamente sólida que devuelve a la criatura a sus raíces más aterradoras y primordiales.