Halloween Blues

Halloween Blues, escrita por el guionista belga Mythic (Jean-Claude Smit-le-Bénédicte) e ilustrada por el artista polaco Kas (Zbigniew Kasprzak), es una de las propuestas más singulares y atmosféricas del género *noir* o *polar* dentro del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente bajo el sello de Le Lombard, la serie se compone de siete álbumes que fusionan con maestría el relato detectivesco clásico de corte "hardboiled" con un elemento sobrenatural sutil pero determinante que redefine la dinámica del investigador protagonista.

La historia se sitúa en la Nueva Inglaterra de los años 50, una época de contrastes donde el sueño americano convive con las sombras de la posguerra y las tensiones sociales latentes. El protagonista es Forest Hill, un inspector de policía de New Hampshire cuyo carácter melancólico y solitario encaja perfectamente en los cánones del género. Sin embargo, el peso que arrastra Hill no es solo el de los casos que investiga, sino una tragedia personal que marca el punto de partida de la obra: el asesinato de su esposa, Dana Anderson, una glamurosa estrella de cine cuya muerte conmocionó al país.

El giro narrativo fundamental de *Halloween Blues* reside en que Forest Hill es el principal sospechoso del asesinato de su mujer. Aunque nunca hubo pruebas suficientes para condenarlo, la sospecha social y profesional lo persigue constantemente. Pero hay un elemento que nadie más conoce: Dana no se ha ido del todo. El espíritu de la actriz acompaña a Forest a todas partes, manifestándose únicamente ante él. Esta presencia no funciona como un recurso de terror, sino como una extensión de la conciencia del protagonista y un motor narrativo único. Dana interactúa con Forest, lo cuestiona, se burla de él y, en ocasiones, le ofrece perspectivas sobre sus investigaciones que su mente racional pasaría por alto. Esta relación "matrimonial" post-mortem aporta una capa de ironía, amargura y ternura que eleva la serie por encima del procedimental estándar.

A lo largo de los diferentes tomos, la estructura de la obra combina casos autoconclusivos —que Hill debe resolver en su día a día como inspector— con la trama horizontal que rodea el misterio de la muerte de Dana. Cada investigación sirve para explorar las miserias humanas, la corrupción y los secretos ocultos tras la fachada de respetabilidad de la sociedad estadounidense de mediados de siglo. Los guiones de Mythic son precisos, con diálogos punzantes que evocan el cine negro de la edad de oro, evitando caer en clichés vacíos y dotando a cada personaje secundario de una tridimensionalidad notable.

El apartado visual de Kas es, sin duda, uno de los pilares que sostienen la inmortalidad de esta obra. Su dibujo, de un realismo detallado y elegante, captura a la perfección la estética de los años 50: desde los imponentes automóviles cromados y la moda de la época hasta la arquitectura de las pequeñas ciudades y los paisajes rurales de New Hampshire. El uso de la luz y las sombras es puramente cinematográfico, heredero directo del expresionismo aplicado al cine negro. Kas logra que la presencia de Dana, a menudo representada con una luminosidad distinta o una languidez etérea, se sienta integrada de forma natural en el entorno mundano y sucio de las escenas del crimen.

El color también juega un papel psicológico crucial. Las tonalidades suelen ser apagadas, reforzando ese sentimiento de "blues" que da título a la serie: una mezcla de tristeza, nostalgia y ritmo pausado. La atmósfera es tan densa que el lector casi puede oler el humo de los cigarrillos y sentir la humedad de la lluvia en las calles mal iluminadas.

En definitiva, *Halloween Blues* es una obra imprescindible para los amantes del género negro que buscan algo más que una simple resolución de crímenes. Es un estudio sobre la culpa, la pérdida y la búsqueda de la verdad en un mundo que prefiere las apariencias. La interacción entre el inspector Hill y el fantasma de su esposa no solo es un hallazgo creativo brillante, sino el corazón emocional de una serie que destaca por su sobriedad, su impecable factura técnica y su capacidad para mantener el suspense hasta la última página del séptimo volumen, donde todas las piezas del rompecabezas sobre el destino de Dana Anderson finalmente encajan.

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