Dentro del vasto y oscuro multiverso de Zenescope Entertainment, la mitología de Wonderland se erige como uno de los pilares más perturbadores y exitosos de la editorial. Publicado originalmente en 2012, *Grimm Fairy Tales presents: Call of Wonderland* funciona como una pieza clave que expande el horror psicológico de este reino, alejándose de la narrativa lineal de la familia Liddle para explorar cómo la locura de esa dimensión alternativa se filtra en nuestro mundo de formas insidiosas y letales.
La historia, escrita por Dan Wickline, nos presenta a Lovey, una joven cuya vida está marcada por la tragedia y la empatía. Lovey trabaja como operadora en una línea telefónica de prevención del suicidio, un entorno cargado de desesperación donde cada llamada puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Sin embargo, su rutina se ve fracturada cuando comienza a recibir comunicaciones que desafían toda lógica racional. A través del auricular, no solo escucha voces humanas en crisis, sino el eco distante y distorsionado de un lugar que no debería existir: Wonderland.
A diferencia de otras entregas de la franquicia que se centran en el combate físico o en la travesía épica a través del Reino de la Locura, *Call of Wonderland* apuesta por un enfoque de suspenso psicológico y terror urbano. La trama explora la idea de que Wonderland no es solo un lugar físico al que se accede a través de un espejo o un agujero de conejo, sino una infección metafísica. La locura es contagiosa, y Lovey se convierte en el nexo involuntario entre nuestra realidad y los horrores que habitan al otro lado del velo.
El guion de Wickline maneja con destreza la tensión, construyendo una atmósfera de paranoia donde el lector, al igual que la protagonista, empieza a cuestionar qué es real y qué es una proyección de la influencia del Reino de la Locura. El cómic profundiza en el concepto del "llamado": esa atracción gravitacional que Wonderland ejerce sobre las mentes más frágiles o aquellas que han estado expuestas a su oscuridad. A medida que Lovey investiga el origen de estas llamadas misteriosas, se ve arrastrada a una red de desapariciones y fenómenos inexplicables que sugieren que el Reino de la Locura está buscando nuevos "huéspedes" para alimentar su insaciable hambre de caos.
Visualmente, la obra mantiene el estándar de alta calidad de Zenescope, con un arte que contrasta la frialdad y el realismo de la ciudad con las visiones grotescas y surrealistas que emanan de Wonderland. Los diseños de los personajes y las manifestaciones de la locura son viscerales, logrando transmitir una sensación de incomodidad constante. El uso del color es fundamental en esta miniserie, utilizando tonos sombríos para el mundo cotidiano de Lovey que estallan en paletas psicodélicas y violentas cuando la influencia de la otra dimensión se hace presente.
*Call of Wonderland* no requiere que el lector sea un experto absoluto en la cronología previa de Alice o Calie Liddle, aunque los conocedores de la saga encontrarán sutiles conexiones y referencias que enriquecen la experiencia. Funciona como un punto de entrada ideal para quienes buscan entender la naturaleza del mal en este universo: un mal que no siempre ataca con garras y dientes, sino que se infiltra a través de los traumas, los miedos y, en este caso, a través de una simple línea telefónica.
En resumen, este cómic de 2012 es una exploración sombría sobre la pérdida de la cordura y la inevitabilidad del destino cuando fuerzas dimensionales superiores fijan su atención en un individuo. Es una obra que redefine el concepto de "cuento de hadas" bajo el prisma del horror moderno, consolidando la visión de Zenescope de que algunos reinos, una vez que te llaman, nunca dejan de susurrar en tu oído hasta que finalmente cruzas el umbral.