La autopista del sol

Publicada originalmente a mediados de los años 90, *La autopista del sol* (*L'Autoroute du soleil*) no es solo una de las obras cumbres de Hervé Barulea, conocido artísticamente como Baru, sino que representa un punto de inflexión en la narrativa de la novela gráfica europea. Esta obra, que se alzó con el premio al Mejor Álbum en el Festival de Angulema en 1996, nació de un experimento inusual: fue un encargo de la editorial japonesa Kodansha para su revista *Morning*, lo que obligó a Baru a adoptar un ritmo narrativo y una extensión más cercanos al manga que al álbum franco-belga tradicional. El resultado es una odisea de más de 400 páginas que destila adrenalina, crítica social y una vitalidad cinematográfica arrolladora.

La trama se sitúa en la Francia post-industrial de los años 90, concretamente en la región de Lorena, un entorno marcado por el cierre de las acerías y el desencanto de la clase obrera. Los protagonistas son Alexandre y Karim, dos jóvenes que encarnan las dos caras de la juventud periférica francesa de la época. Alexandre es un joven blanco, seductor y algo irresponsable; Karim es de origen magrebí, más reflexivo y leal. Su amistad es el eje central sobre el que pivota toda la historia. La chispa que detona la acción es un incidente aparentemente trivial pero de consecuencias fatales: Alexandre es sorprendido en una situación comprometida con la esposa de Feltin, un líder local de un partido de extrema derecha.

Lo que comienza como una huida desesperada para evitar una paliza se convierte rápidamente en una persecución a vida o muerte por todo el territorio francés. Los dos amigos roban un coche y emprenden un viaje hacia el sur, utilizando la emblemática "Autopista del Sol" como vía de escape hacia una libertad que se antoja esquiva. A sus espaldas, Feltin y sus secuaces no solo buscan venganza personal, sino que personifican el odio racial y la intolerancia que empezaba a ganar terreno en la sociedad europea de finales del siglo XX.

Estructuralmente, el cómic funciona como una *road movie* impecable. Baru utiliza el trayecto geográfico para explorar la evolución psicológica de sus personajes. A medida que avanzan los kilómetros, la ligereza inicial de la huida se transforma en una toma de conciencia sobre la madurez, la identidad y la cruda realidad del racismo sistémico. El autor no se limita a narrar una persecución; retrata con precisión quirúrgica los paisajes de una Francia invisible: gasolineras desoladas, hoteles de carretera, pueblos estancados en el tiempo y la tensión latente en las barriadas.

Visualmente, *La autopista del sol* es un despliegue de energía. El dibujo de Baru es nervioso, dinámico y profundamente expresivo. La influencia del formato japonés se nota en la planificación de las páginas, donde el autor se permite dilatar el tiempo en las secuencias de acción y persecución automovilística, logrando una sensación de velocidad casi inaudita en el papel. El uso del blanco y negro potencia el contraste dramático y subraya la crudeza de la historia, alejándose de cualquier tipo de embellecimiento artificial. Las figuras son caricaturescas pero dotadas de una humanidad vibrante, capaces de transmitir desde el pánico más absoluto hasta la camaradería más sincera sin necesidad de grandes bloques de texto.

El guion destaca por su oído absoluto para el diálogo callejero. Baru captura el argot, el ritmo y la urgencia de la juventud de los suburbios sin caer en el cliché. A través de las conversaciones entre Alex y Karim, el lector percibe la brecha generacional y social, así como la fragilidad de unos sueños que chocan constantemente con un entorno hostil. La obra evita los sermones morales; prefiere mostrar la realidad a través de los hechos, dejando que sea el lector quien procese la carga política y social que subyace en cada viñeta.

En definitiva, *La autopista del sol* es un fresco social imprescindible que disecciona las tensiones de la Francia contemporánea bajo el disfraz de un thriller de acción trepidante. Es una obra que habla de la pérdida de la inocencia y de la resistencia frente a la intolerancia, consolidando a Baru como el gran cronista de la clase obrera en el noveno arte. Su lectura sigue siendo hoy tan relevante y necesaria como el día de su publicación, manteniendo intacta su capacidad para atrapar al lector desde la primera página hasta su inevitable desenlace.

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