*El Manglar* representa uno de los hitos más significativos en la historia reciente del cómic español, funcionando no solo como una publicación periódica, sino como un ecosistema vital para la consolidación de una generación de autores. Surgida en enero de 2007 bajo el sello de la editorial Dibbuks y dirigida por Manuel Bartual, esta revista de antología nació con el propósito de llenar el vacío dejado por la desaparición de las grandes cabeceras de los años 80 y 90, adaptando el formato de revista de historietas a las sensibilidades del siglo XXI.
El título de la obra no es casual. Un manglar es un bioma donde las raíces de diversos árboles se entrelazan en agua salada, creando un refugio para una biodiversidad asombrosa. De la misma forma, la revista se planteó como un terreno fértil donde autores noveles y consagrados pudieran experimentar, convivir y desarrollar narrativas que escapaban a los circuitos comerciales más rígidos. Su periodicidad bimestral permitió establecer un diálogo constante con el lector, ofreciendo una panorámica de la vanguardia del noveno arte en España.
Desde el punto de vista de su estructura, *El Manglar* se caracterizó por un equilibrio técnico impecable. No se limitaba a recopilar historietas cortas, sino que albergaba series de continuidad, secciones de crítica, entrevistas y artículos de divulgación sobre la industria. Esta amalgama de contenidos permitía que el lector no solo consumiera ficción, sino que comprendiera el contexto creativo detrás de cada trazo. La dirección de Bartual fue clave para dotar a la publicación de una identidad visual coherente, moderna y profesional, alejándose del aspecto amateur de los fanzines pero manteniendo su espíritu transgresor.
El elenco de colaboradores que desfiló por sus páginas constituye hoy en día el "quién es quién" del cómic contemporáneo. En sus números se pudieron encontrar trabajos de figuras de la talla de Paco Roca, quien aportó historias cortas antes de su consagración definitiva; David Rubín, con su estilo enérgico y visceral; o Luis Bustos, que exploró las posibilidades del dinamismo gráfico. También fue el hogar de series emblemáticas como *El Vecino*, de Santiago García y Pepo Pérez, una deconstrucción del género de superhéroes desde el costumbrismo español, o las peripecias de *Silvio José*, de Paco Alcázar, que aportaba una dosis de humor negro y ácido indispensable.
Temáticamente, la revista no se impuso fronteras. En un mismo ejemplar podían convivir relatos de ciencia ficción introspectiva, crónicas de la vida cotidiana, humor surrealista y experimentación formal. Esta diversidad era su mayor fortaleza, ya que permitía que cada lector encontrara un ancla, mientras se veía expuesto a estilos gráficos que quizá no habría buscado de forma individual. La calidad del papel y la impresión a color en la mayoría de sus páginas elevaron el estándar de lo que se esperaba de una revista de cómics en aquel momento, dignificando el formato frente al mercado del libro y la novela gráfica que empezaba a despuntar.
Otro aspecto fundamental de *El Manglar* fue su labor de cantera. La sección "En la práctica" servía como escaparate para nuevos talentos, muchos de los cuales terminaron publicando sus propias obras largas en Dibbuks u otras editoriales de prestigio. La revista actuó como un filtro de calidad y un laboratorio de pruebas donde se gestaron estilos que hoy definen la estética del cómic nacional.
En resumen, *El Manglar* fue un proyecto ambicioso que logró sobrevivir en un mercado difícil, alcanzando los quince números y varios premios, incluido el de Mejor Revista en el Salón del Cómic de Barcelona. Su lectura es fundamental para entender la transición del cómic español hacia la madurez temática y la diversidad estilística actual. Es, en esencia, el registro histórico de un momento en el que el cómic en España decidió dejar de mirar al pasado con nostalgia para empezar a construir un futuro propio, sólido y profundamente creativo. Sin recurrir a fórmulas preestablecidas, la revista demostró que el formato de antología seguía siendo válido siempre que se apostara por la calidad autoral y la libertad narrativa.