El Retorno a Novogorod es una de las obras más sobrias y profundas dentro del panorama del cómic histórico español contemporáneo. Escrita por Antoni Dalmases e ilustrada por Sergio Bleda, esta novela gráfica se aleja de la épica bélica convencional para adentrarse en los terrenos de la memoria, el trauma y la supervivencia humana en condiciones extremas. Publicada originalmente por Edicions de Ponent, la obra se basa en hechos reales y en la figura histórica de Teodoro Palacios Cueto, capitán de la División Azul durante la Segunda Guerra Mundial.
La narrativa se estructura a través de un viaje de regreso, tanto físico como emocional. El punto de partida sitúa al lector en el contexto de la repatriación de los últimos prisioneros españoles en la Unión Soviética a bordo del buque Semíramis en 1954. Sin embargo, el núcleo de la obra no es solo el viaje de vuelta a España, sino el retorno mental del protagonista a los campos de batalla de Rusia y, más específicamente, a los años de cautiverio en los gulags estalinistas. A través de una serie de analepsis (flashbacks) perfectamente integradas, Dalmases construye un relato que disecciona la experiencia de la División Azul desde una perspectiva humana, despojada de la propaganda política que a menudo rodea este episodio histórico.
El guion de Dalmases se centra en la figura de Palacios Cueto, un hombre cuya resistencia física y moral se convierte en el eje de la historia. La trama nos traslada al frente de Leningrado y a la cruenta batalla de Krasny Bor, donde el protagonista fue capturado. A partir de ese momento, el cómic se transforma en un testimonio sobre la vida en los campos de prisioneros. No se busca el espectáculo de la violencia, sino la descripción minuciosa de la degradación, el hambre, el frío extremo y la lucha constante por mantener la dignidad frente a un sistema diseñado para anular al individuo. El "retorno" del título adquiere así un doble significado: el regreso a la patria y el regreso inevitable de los recuerdos que marcan a fuego a quienes sobrevivieron.
En el apartado visual, Sergio Bleda realiza uno de los trabajos más maduros de su carrera. Conocido por su versatilidad en géneros como el terror o la aventura, aquí adopta un estilo realista y contenido que se ajusta perfectamente a la gravedad del tema. Bleda utiliza una paleta cromática dominada por tonos fríos, grises y ocres, que logran transmitir al lector la atmósfera gélida de las estepas rusas y la desolación de los barracones. El dibujo es detallado pero no recargado, permitiendo que la expresividad de los rostros cargue con el peso dramático de la historia. La narrativa visual es fluida, alternando con maestría las escenas de acción bélica con los momentos de introspección y silencio, fundamentales para entender el estado psicológico de los personajes.
Uno de los mayores aciertos de El Retorno a Novogorod es su capacidad para tratar un tema tan complejo y sensible como la División Azul sin caer en el revisionismo ni en la hagiografía. El cómic se centra en el hombre frente a la adversidad, en la camaradería nacida del sufrimiento y en la dificultad de reintegrarse en una sociedad que, tras años de ausencia, resulta casi ajena. La obra funciona como un documento histórico riguroso, pero también como una reflexión universal sobre las cicatrices invisibles que deja la guerra.
En definitiva, este cómic es una pieza esencial para entender la evolución de la historieta histórica en España. Logra equilibrar el rigor documental con una narrativa emocionalmente impactante, evitando florituras innecesarias para centrarse en la esencia del relato: la memoria como herramienta de supervivencia. Es una lectura imprescindible para quienes buscan en el noveno arte una mirada honesta y descarnada sobre la condición humana en los momentos más oscuros del siglo XX.