Incorruptible (2009)

Publicada originalmente en 2009 por la editorial Boom! Studios, *Incorruptible* es una pieza fundamental dentro de la bibliografía contemporánea de Mark Waid. Concebida como la serie hermana y el reverso tenebroso de su otra gran obra, *Irredeemable*, este cómic propone un ejercicio narrativo fascinante: ¿qué sucede cuando el villano más despiadado del mundo decide, de la noche a la mañana, convertirse en un héroe?

La premisa de *Incorruptible* se sitúa en el mismo universo devastado de *Irredeemable*. Mientras que en la serie original asistimos a la caída en desgracia del Plutoniano —el equivalente a Superman en este mundo—, quien se transforma en un genocida de escala global, *Incorruptible* se centra en Max Damage. Max es, hasta el inicio de la historia, un supervillano de primer nivel, un hombre sin escrúpulos, líder de una organización criminal y responsable de innumerables atrocidades. Sin embargo, al presenciar la masacre indiscriminada perpetrada por el Plutoniano en Sky City, Max experimenta una epifanía traumática. Comprende que, en un mundo donde el mayor símbolo de la esperanza se ha convertido en el mal absoluto, alguien debe ocupar el vacío moral y oponerse al caos.

El núcleo de la serie no es simplemente la lucha contra el crimen, sino el tortuoso proceso de redención de un hombre que no sabe cómo ser bueno. Max Damage no tiene un código moral preestablecido; tiene que inventarlo sobre la marcha. Para simbolizar su ruptura con el pasado, Max quema sus posesiones mal habidas, abandona su guarida y se deshace de sus antiguos aliados. No obstante, el camino hacia la virtud es árido. Waid explora con maestría la desconfianza de las autoridades y del público, quienes ven en este cambio repentino una estratagema o un brote psicótico.

Un elemento distintivo de la obra es el funcionamiento de los poderes de Max Damage. Su fuerza y resistencia aumentan proporcionalmente al tiempo que permanece despierto. Cuanto más tiempo pasa sin dormir, más invulnerable y poderoso se vuelve. Sin embargo, esta ventaja conlleva un coste severo: la privación del sueño deteriora sus facultades mentales, volviéndolo errático, paranoico y propenso a la confusión. Esta mecánica añade una capa de tensión constante a la narrativa, ya que Max debe equilibrar su necesidad de poder físico para proteger a los inocentes con la fragilidad de su propia psique.

El reparto de secundarios es vital para entender la magnitud del desafío de Max. Destaca especialmente Jailbait, su joven compañera y antigua compinche, cuya relación inicial con Max subraya la naturaleza turbia de su vida anterior. A través de ella, el lector percibe lo difícil que es para Max desprenderse de su antigua identidad y cómo sus pecados pasados continúan proyectando una sombra alargada sobre sus intentos de justicia.

Visualmente, el cómic mantiene un tono crudo y directo. El arte, encabezado inicialmente por Jean Diaz, se aleja de la estética idealizada de los cómics de superhéroes tradicionales para abrazar una narrativa más urbana, sucia y violenta. Los escenarios reflejan un mundo al borde del colapso, donde la infraestructura social se ha desintegrado y la ley de la selva impera en las calles.

*Incorruptible* es, en última instancia, una deconstrucción del arquetipo del héroe. No se trata de una historia de triunfo moral fácil, sino de un estudio sobre la voluntad. Mark Waid utiliza a Max Damage para cuestionar si la naturaleza humana puede cambiar realmente o si estamos condenados por nuestras acciones previas. Es una obra imprescindible para quienes buscan una visión madura, cínica y profundamente psicológica del género de superhéroes, funcionando tanto como complemento de *Irredeemable* como una historia autoconclusiva sobre la búsqueda de la rectitud en un mundo que ha perdido el norte. La serie evita los clichés del arrepentimiento instantáneo y opta por mostrar que ser "incorruptible" es un esfuerzo agotador, diario y, a menudo, ingrato.

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