Okko: El Ciclo del Agua marca el inicio de una de las epopeyas más visualmente impactantes y narrativamente sólidas del cómic franco-belga (BD) contemporáneo. Creada, escrita y dibujada por el artista francés Hub (Humbert Chabuel), esta obra nos sumerge en el Imperio de Pajan, un escenario ficticio que evoca con maestría el Japón feudal de la era Shogun, pero imbuido de una mitología propia donde lo sobrenatural y lo terrenal conviven en una tensión constante.
La trama de este primer ciclo se pone en marcha con un evento catalizador clásico del género *chanbara*: el secuestro. Pequeña Carpa, una joven que trabaja en una casa de té en una remota zona costera, es raptada por una horda de piratas que viajan en extraños navíos. Su hermano, Tikku, un joven pescador sin experiencia en el combate pero movido por una determinación inquebrantable, decide rescatarla. Sin embargo, pronto comprende que los captores no son simples bandidos, sino fuerzas que operan más allá de la comprensión humana ordinaria.
En su desesperación, Tikku busca la ayuda de un grupo de mercenarios atípicos liderados por Okko, un ronin de pasado misterioso que se gana la vida como cazador de demonios. A cambio de un pago simbólico y la promesa de una historia que contar, Okko acepta el encargo, arrastrando a Tikku a un viaje que lo cambiará para siempre.
El grupo de protagonistas es, sin duda, uno de los pilares de la obra. Okko no es el héroe arquetípico de moral intachable; es un hombre pragmático, a menudo frío y letal, cuya ética se rige por códigos personales más que por leyes sociales. A su lado encontramos a Noburo, un gigante de fuerza sobrehumana que oculta su rostro tras una máscara de *hannya* roja y cuya verdadera naturaleza es uno de los enigmas más fascinantes de la serie. Completa el trío original el monje Noshin, un amante del sake capaz de comunicarse con los espíritus de la naturaleza (los *kamis*). Noshin aporta el contrapunto místico y, en ocasiones, cómico, aunque su poder espiritual es fundamental para enfrentar las amenazas que acechan en las sombras de Pajan.
Narrativamente, *El Ciclo del Agua* funciona como una historia de investigación y persecución. A medida que el grupo avanza por las islas del imperio, Hub despliega un mundo rico en detalles donde la política de los clanes samuráis se entrelaza con la presencia de criaturas demoníacas y magia elemental. La estructura del cómic permite que el lector descubra el mundo a través de los ojos de Tikku, quien actúa como narrador y testigo de las proezas y oscuridades de sus compañeros.
En el apartado visual, el trabajo de Hub es excelso. Su dibujo se caracteriza por un nivel de detalle minucioso, tanto en la arquitectura de los templos y fortalezas como en el diseño de las armaduras y el vestuario. El autor utiliza una narrativa visual dinámica, con coreografías de combate fluidas que beben directamente del cine de Akira Kurosawa. El color juega un papel narrativo crucial: en este primer ciclo, las tonalidades azules, verdes y grises predominan para reflejar la influencia del elemento agua, estableciendo una atmósfera húmeda, marítima y, por momentos, melancólica.
*Okko: El Ciclo del Agua* no es solo una historia de rescate; es la introducción a un universo donde el honor se mide por la sangre y donde los monstruos más peligrosos no siempre son los que tienen garras. Es una obra imprescindible para los amantes del género histórico fantástico, que logra equilibrar la acción trepidante con una construcción de mundo profunda y evocadora, estableciendo las bases de lo que será una pentalogía basada en los cinco elementos de la tradición oriental. Sin recurrir a giros gratuitos, Hub construye una trama de suspense sobrenatural que mantiene al lector inmerso en la búsqueda de Pequeña Carpa hasta la última página.