Los centinelas (*Les Sentinelles*), escrita por el guionista francés Xavier Dorison e ilustrada por el maestro argentino Enrique Breccia, es una de las obras más ambiciosas y crudas del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente por la editorial Delcourt, esta serie se aleja de las convenciones del género de superhéroes tradicional para sumergirse en una ucronía bélica que redefine el concepto de "arma definitiva" en el contexto de la Primera Guerra Mundial.
La trama se sitúa en los albores de la Gran Guerra, en un 1914 donde la tecnología ha tomado un rumbo divergente gracias a los avances en la aplicación del radio. El gobierno francés, consciente de la inminente carnicería que supondrá el conflicto contra el Imperio Alemán, decide poner en marcha un proyecto secreto de alto nivel: la creación de una unidad de soldados de élite capaces de romper el estancamiento de las trincheras. Estos son los Centinelas, seres humanos modificados quirúrgicamente y embutidos en armaduras metálicas alimentadas por pilas de radio, convirtiéndolos en tanques antropomorfos de una potencia devastadora.
El núcleo narrativo se centra en Gabriel Féraud, un joven y brillante científico especializado en la metalurgia y la energía atómica. Féraud, un idealista que inicialmente rechaza el uso militar de sus descubrimientos, termina convirtiéndose en la pieza central del proyecto tras sufrir heridas catastróficas en el frente. Su transformación no es un proceso heroico ni estético; es una intervención traumática que lo despoja de su humanidad física para convertirlo en el "Taillefer", el primer Centinela operativo. A través de sus ojos, el lector experimenta la deshumanización absoluta que conlleva la guerra mecanizada.
Dorison construye un guion denso que explora las implicaciones éticas y políticas de la ciencia aplicada a la destrucción. No se limita a mostrar batallas espectaculares, sino que profundiza en la burocracia militar, el sacrificio de la individualidad en pos del nacionalismo y el horror psicológico de ser un hombre atrapado dentro de una máquina de matar que depende de una fuente de energía que, irónicamente, lo está consumiendo lentamente. La serie se estructura siguiendo la cronología real del conflicto (el Marne, la batalla de los Dardanelos, Verdún), insertando a estos supersoldados en momentos clave de la historia, lo que refuerza la sensación de realismo pese a su premisa fantástica.
El apartado visual de Enrique Breccia es fundamental para entender la magnitud de la obra. Su estilo, caracterizado por un trazo sucio, expresionista y cargado de texturas, es el vehículo perfecto para retratar el barro, la sangre y el metal oxidado de 1914. Breccia huye de la limpieza del cómic de aventuras clásico; sus Centinelas son toscos, pesados y aterradores. El diseño de las armaduras evoca una estética *steampunk* primitiva y funcional, donde los remaches y las calderas sustituyen a las mallas de colores. La paleta cromática, dominada por tonos ocres, grises y el verde enfermizo del radio, sumerge al lector en una atmósfera opresiva y fúnebre.
"Los centinelas" no es una apología de la guerra, sino una crítica feroz a la misma. A diferencia de los supersoldados estadounidenses, que suelen representar ideales de libertad o justicia, los Centinelas de Dorison y Breccia son símbolos de la desesperación de una Europa que se desangra. Son monstruos creados por hombres para combatir a otros hombres, recordándonos que, en el campo de batalla, la tecnología a menudo avanza más rápido que la moralidad humana. Es una obra imprescindible para quienes buscan una narrativa histórica alternativa que combine el rigor documental con la imaginación más oscura del noveno arte.