Dentro del vasto tapiz narrativo que conforma *Locas*, la subtrama principal de la mítica serie *Love and Rockets*, el arco titulado "La muerte de Speedy" (The Death of Speedy) se erige como la piedra angular que define la madurez artística de Jaime Hernandez. Publicada originalmente entre 1987 y 1989, esta obra marca el punto de inflexión donde el autor abandona definitivamente los elementos de ciencia ficción y realismo mágico de sus inicios para sumergirse en un naturalismo urbano crudo, sofisticado y profundamente emocional.
La historia se desarrolla en Hoppers (Huerta), un barrio californiano de fuerte identidad chicana que funciona como un personaje más. La trama se aleja de las aventuras de naves espaciales y dinosaurios para centrarse en la cotidianidad de un grupo de jóvenes atrapados entre la lealtad a sus raíces, la efervescencia de la escena punk y las dinámicas invisibles pero letales de las pandillas locales. En este escenario, la figura central es Speedy Ortiz, un joven carismático, enigmático y melancólico que se convierte en el eje sobre el que orbitan las tensiones del relato.
Maggie Chascarrillo, la protagonista indiscutible de la saga, vive este periodo sumida en una confusión sentimental. Su atracción por Speedy no es solo un capricho romántico, sino un vínculo con una parte de su identidad que parece estar en constante conflicto. A través de los ojos de Maggie, y de su inseparable y cínica amiga Hopey Glass, el lector es testigo de cómo el entorno de Hoppers comienza a cerrarse sobre sus habitantes. La narrativa se construye mediante fragmentos de vida: conversaciones en esquinas bañadas por el sol, fiestas en patios traseros y encuentros fortuitos que, bajo una apariencia trivial, esconden una carga de fatalidad inminente.
Jaime Hernandez utiliza aquí un enfoque coral donde personajes secundarios como Ray Dominguez cobran una relevancia vital. Ray actúa como el contrapunto moral y emocional de Speedy; es el joven que intenta navegar por la vida sin sucumbir a la violencia del barrio, pero que se ve inevitablemente arrastrado por su amor hacia Maggie y su respeto reticente hacia su rival. La tensión no proviene de grandes escenas de acción, sino de la acumulación de pequeños gestos, de palabras no dichas y de la presión social que dicta cómo debe comportarse un hombre en ese entorno.
Visualmente, "La muerte de Speedy" representa el cénit del estilo de Jaime. Su dibujo, heredero de la claridad de la línea clara y la estética de los cómics de Archie, alcanza una profundidad psicológica asombrosa. El uso del blanco y negro es magistral; las sombras no solo definen el volumen de los cuerpos, sino que subrayan el aislamiento de los personajes. La economía de trazos en las expresiones faciales permite transmitir una gama de emociones que van desde la euforia juvenil hasta la resignación más absoluta, logrando que el lector empatice con los personajes sin necesidad de diálogos explicativos.
El título del cómic