*John Byrne’s Next Men* representó en la década de los 90 una de las deconstrucciones más lúcidas, crudas y complejas del género superheroico. Tras un hiato de quince años que dejó a los lectores con uno de los *cliffhangers* más agónicos de la historia del medio, Byrne regresó en 2010 para completar su obra magna. El bloque compuesto por el Volumen 2 y la saga final, *Aftermath*, no es solo una continuación, sino la resolución de un rompecabezas narrativo que redefine la ciencia ficción dentro del cómic estadounidense.
La premisa de este segundo volumen retoma la historia exactamente donde quedó tras el número 30 de la serie original. Los protagonistas —Nathan, Jasmine, Jack, Bethany y Danny—, cinco jóvenes alterados genéticamente y criados en una realidad virtual conocida como "el Invernadero", se encuentran ahora dispersos a través del flujo temporal. Si el primer volumen se centraba en el choque cultural de estos jóvenes con el mundo real y la corrupción política, el Volumen 2 expande el foco hacia una escala cósmica y metafísica, donde el tiempo no es una línea recta, sino un bucle de causalidad del que parece imposible escapar.
En esta etapa, Byrne profundiza en la naturaleza de los "Sents" (seres con habilidades extraordinarias). La narrativa se fragmenta para seguir a los personajes en distintas épocas, desde la prehistoria hasta un futuro distópico, pasando por momentos clave del siglo XX. El autor utiliza estas líneas temporales para explorar cómo la mera existencia de individuos con poderes altera el tejido de la historia humana, no como salvadores en mallas, sino como catalizadores de cambios sociales, bélicos y biológicos a menudo catastróficos.
El arco titulado *Aftermath* funciona como el cierre definitivo de la saga. Aquí, todas las subtramas sembradas desde los años 90 convergen. Byrne aborda con rigor científico y narrativo las paradojas temporales, evitando los tropos fáciles del género. La figura del antagonista, Sower, y el papel del senador Hilltop adquieren una dimensión trágica y circular. La obra se aleja definitivamente de la estructura de "grupo de héroes contra villano" para convertirse en un estudio sobre el determinismo y el peso de las decisiones individuales en la supervivencia de la especie.
Visualmente, el trabajo de Byrne en estos volúmenes muestra una evolución hacia un estilo más sintético y directo, pero manteniendo su maestría en la composición de página y la narrativa secuencial. Al prescindir de coloristas externos en gran parte del proceso y optar por una estética que prioriza la claridad expositiva, el autor logra que la densidad del guion sea digerible. El diseño de los personajes refleja el desgaste físico y psicológico de su viaje; ya no son los adolescentes ingenuos del inicio, sino supervivientes endurecidos por la pérdida y la incomprensión de su propio propósito.
*Next Men Vol. 2* y *Aftermath* se consolidan como una lectura esencial para entender el cómic de autor fuera de las dos grandes editoriales (Marvel y DC). Byrne no busca la complacencia del lector ni el espectáculo gratuito; busca cerrar un ciclo sobre la responsabilidad del poder y la fragilidad de la realidad. Es una obra densa, que exige atención a los detalles y que recompensa con una conclusión lógica y devastadora, cerrando uno de los experimentos más ambiciosos de la narrativa gráfica contemporánea. Sin recurrir a reinicios ni a retrocontinuidad externa, Byrne demuestra que una historia de superhéroes puede tener un principio, un desarrollo y, sobre todo, un final definitivo y coherente.