Paraiso Perdido

La adaptación gráfica de "Paraíso Perdido", realizada por el ilustrador y autor Pablo Auladell, no es simplemente una traslación del poema épico de John Milton al lenguaje de las viñetas; es una de las cumbres del cómic contemporáneo español. Galardonada con el Premio Nacional del Cómic en 2016, esta obra acomete la titánica tarea de dar forma visual a los más de diez mil versos que Milton compuso en el siglo XVII, logrando una síntesis narrativa que respeta la solemnidad del original mientras explora las posibilidades expresivas del noveno arte.

La trama se estructura en torno a la caída del hombre, pero, siguiendo la estela de la obra original, otorga un protagonismo absoluto y magnético a la figura de Satán. La narración comienza *in media res*, con los ángeles rebeldes despertando en el caos del Infierno tras su derrota en la guerra celestial. A partir de este punto, el cómic despliega una crónica sobre el orgullo, la venganza y la pérdida de la inocencia. El lector asiste a la construcción de Pandemónium, el palacio de las huestes infernales, y al viaje de Satán a través del Caos hacia el recién creado mundo de los hombres, con el fin de corromper la obra predilecta de Dios.

Desde una perspectiva técnica y artística, el trabajo de Auladell es excepcional. El autor huye de las representaciones literales o excesivamente barrocas para abrazar un estilo que él mismo denomina como "telúrico". Utilizando una paleta de colores extremadamente limitada —dominada por grises, ocres, tierras y azules mortecinos—, el dibujo evoca la textura del grafito y el pastel, creando una atmósfera neblinosa y atemporal. Las figuras son estilizadas, casi renacentistas en su concepción, pero dotadas de una expresividad moderna que transmite una profunda melancolía.

El manejo del ritmo narrativo es otro de los puntos fuertes de esta edición. Auladell divide la obra en cuatro cantos o libros, logrando que la transición entre la grandilocuencia de las batallas celestiales y la intimidad del Jardín del Edén sea fluida. En el Edén, el dibujo se vuelve más ligero, casi etéreo, para subrayar la fragilidad de Adán y Eva antes de la transgresión. Sin embargo, la sombra de la tragedia planea sobre cada página; no hay aquí un paraíso de colores vibrantes, sino un lugar de una belleza austera y sagrada que está a punto de ser quebrada.

El tratamiento de los personajes evita los maniqueísmos. Satán no es un monstruo de pesadilla, sino un aristócrata caído, un antihéroe consumido por la envidia y una tristeza infinita. Su figura domina la composición de las páginas, a menudo mediante planos que enfatizan su soledad frente a la inmensidad del cosmos. Por otro lado, la representación de la divinidad y de las jerarquías angélicas se aleja de la iconografía clásica para ofrecer visiones más abstractas y sobrecogedoras, acordes con la magnitud del conflicto teológico que subyace en el texto.

"Paraíso Perdido" destaca también por su respeto al lenguaje. Aunque se trata de una obra visual, el texto seleccionado mantiene la fuerza lírica de Milton, integrándose en la composición de la página de manera que las palabras y las imágenes se potencian mutuamente. No hay un exceso de diálogos; Auladell confía en la capacidad de sus composiciones para narrar el peso del destino y la gravedad de las decisiones tomadas por los protagonistas.

En conclusión, esta obra es un ejemplo perfecto de cómo el cómic puede dialogar con la literatura clásica sin perder su identidad. Es una lectura densa, reflexiva y visualmente subyugante que invita a contemplar la caída de la humanidad no como un evento histórico o religioso, sino como un drama psicológico universal. Para cualquier estudioso o aficionado al medio, el "Paraíso Perdido" de Auladell es una pieza indispensable que demuestra que la historieta es capaz de alcanzar las mismas cotas de trascendencia que la poesía épica.

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