La obra "Historia del Puerto de Gijón y El Musel" es una pieza fundamental dentro de la historieta regional asturiana y un ejemplo paradigmático de cómo el noveno arte puede servir como vehículo de divulgación histórica y técnica. Escrito e ilustrado por el veterano autor Isaac del Rivero Sr., este cómic no es solo un encargo institucional de la Autoridad Portuaria de Gijón, sino un proyecto vital que condensa siglos de evolución urbana, económica y social de una de las villas costeras más importantes del norte de España.
Desde una perspectiva técnica y narrativa, el cómic se estructura como un viaje cronológico lineal que arranca en la antigüedad. La obra comienza situando al lector en los asentamientos romanos de la Campa de Torres y la posterior Gigia, estableciendo la importancia estratégica de la bahía gijonesa desde tiempos remotos. A través de una narrativa visual clara, Del Rivero despoja a la historia de la aridez de los textos académicos para convertirla en una sucesión de hitos visuales que explican por qué Gijón no se entiende sin su relación con el mar Cantábrico.
El guion pone especial énfasis en la figura de Gaspar Melchor de Jovellanos, cuya visión ilustrada fue el motor que impulsó la modernización de las infraestructuras portuarias. El cómic detalla las dificultades técnicas y políticas de los siglos XVIII y XIX, mostrando cómo la necesidad de dar salida al carbón de las cuencas mineras asturianas transformó un pequeño puerto de refugio en un nodo industrial de primer orden. Este segmento de la obra es crucial, ya que ilustra la transición del puerto local (la actual Dársena) hacia el ambicioso proyecto de El Musel, un puerto de aguas profundas capaz de albergar el tráfico de graneles y mercancías que la Revolución Industrial demandaba.
En el apartado artístico, Isaac del Rivero emplea un estilo de línea clara con un fuerte componente realista. Su dibujo se caracteriza por una documentación exhaustiva, visible en la representación de las embarcaciones de distintas épocas —desde las galeras y bajeles antiguos hasta los modernos cargueros y remolcadores— y en la recreación de la arquitectura desaparecida de la ciudad. El uso del color es funcional y sobrio, ayudando a diferenciar las distintas etapas históricas y aportando una atmósfera que evoca la humedad y la luz característica de la costa asturiana.
La obra no se limita a la ingeniería; también rinde homenaje al factor humano. A lo largo de sus páginas, se observa la evolución de los oficios portuarios: desde los antiguos pescadores y cargadores manuales hasta los operarios de las gigantescas grúas pórtico contemporáneas. El cómic logra transmitir la magnitud de las obras de ingeniería, como la construcción del Dique Norte, enfrentándose a las embestidas del mar, lo que añade un componente épico a la lectura sin abandonar el rigor histórico.
Narrativamente, el cómic funciona como una herramienta pedagógica de alto nivel. Evita el uso de diálogos excesivos o farragosos, apoyándose en cartelas informativas que guían al lector a través de los siglos. Esta estructura permite que la obra sea accesible para un público juvenil, pero lo suficientemente detallada para satisfacer al lector adulto interesado en la arqueología industrial y la historia local.
En conclusión, "Historia del Puerto de Gijón y El Musel" es una obra que trasciende su carácter conmemorativo. Es un ejercicio de síntesis donde el dibujo técnico y la narrativa secuencial se alían para explicar la metamorfosis de un paisaje. Isaac del Rivero consigue que el lector comprenda que el puerto no es solo una infraestructura de hormigón y acero, sino el corazón latente que ha dictado el ritmo de crecimiento de Gijón durante más de dos mil años. Es una pieza imprescindible para entender la identidad asturiana a través de su ventana al mundo: el mar.