*Cabo de Hornos* es una obra de referencia dentro del cómic europeo contemporáneo, fruto de la colaboración entre el guionista francés Christian Perrissin y el dibujante italiano Enea Riboldi. Publicada originalmente por la editorial Les Humanoïdes Associés, esta obra se inscribe en el género de la aventura histórica con tintes de drama social y "western austral", trasladando los códigos de la frontera estadounidense a los confines más gélidos y desolados del planeta: el archipiélago de Tierra del Fuego a finales del siglo XIX.
La narrativa se sitúa cronológicamente en la década de 1890, un periodo de transición violenta donde la civilización occidental intenta imponerse sobre un territorio que parece rechazar cualquier intento de domesticación. La trama no sigue un único hilo lineal, sino que se construye de forma coral, entrelazando las vidas de diversos personajes que, por distintas razones, han acabado en el "fin del mundo". El eje central de la historia es Finnegan, un desertor de la Marina Real británica que busca refugio en los canales fueguinos. Su huida lo lleva a convivir con las tribus indígenas locales, convirtiéndose en un testigo de excepción del choque cultural y la brutalidad que impera en la región.
El guion de Perrissin destaca por su rigor histórico y su capacidad para retratar la complejidad humana sin caer en maniqueísmos. A través de las páginas, el lector encuentra una galería de personajes profundamente marcados por la ambición, la fe o la simple necesidad de supervivencia. Entre ellos destaca el reverendo Lawrence, un misionero anglicano cuya labor evangelizadora choca frontalmente con la realidad de los pueblos originarios (yámanas, onas y alacalufes). La obra aborda con crudeza el impacto de la colonización, la introducción de enfermedades, el alcoholismo y la explotación de los recursos naturales, como la fiebre del oro que atrae a buscadores de fortuna sin escrúpulos.
Uno de los pilares fundamentales de *Cabo de Hornos* es el tratamiento del entorno geográfico. El paisaje no es un mero telón de fondo, sino un personaje más, omnipresente y hostil. La climatología extrema, los naufragios constantes en las aguas del Estrecho de Magallanes y la inmensidad de la estepa patagónica condicionan cada decisión de los protagonistas. La obra explora la soledad del individuo frente a una naturaleza que no perdona errores, subrayando la fragilidad de las estructuras sociales europeas cuando se enfrentan a un medio tan salvaje.
En el apartado visual, Enea Riboldi realiza un trabajo de documentación exhaustivo. Su dibujo, de corte realista y línea precisa, logra capturar la atmósfera opresiva y gélida de la zona. El diseño de los barcos, la vestimenta de la época y la fisonomía de los pueblos indígenas están representados con una fidelidad que refuerza la verosimilitud del relato. El uso del color es igualmente estratégico: predominan las paletas frías, los grises y los tonos terrosos, que transmiten al lector la sensación de humedad y frío constante que define la vida en el Cabo de Hornos. Las secuencias marítimas son especialmente destacables, logrando transmitir la fuerza del océano y la precariedad de las embarcaciones de la época.
Temáticamente, el cómic profundiza en la pérdida de la identidad y el ocaso de las culturas ancestrales. No se limita a la aventura de acción, sino que propone una reflexión sobre la codicia humana y el concepto de "progreso". La estructura narrativa permite ver cómo los destinos de militares, buscadores de oro, misioneros y nativos colisionan en un territorio donde la ley es inexistente y la justicia se imparte de forma sumaria.
En conclusión, *Cabo de Hornos* es una epopeya trágica que documenta un capítulo oscuro de la historia sudamericana. Es una obra densa, que requiere una lectura atenta para apreciar todas las capas de su trama política y social. Se aleja de la visión romántica de la exploración para ofrecer un retrato descarnado de