Conan: La Leyenda (título bajo el cual se publicó en España la etapa de Dark Horse Comics iniciada en 2003) representa uno de los hitos más significativos en la trayectoria editorial del personaje creado por Robert E. Howard. Tras décadas de dominio bajo el sello Marvel, esta serie supuso un reinicio integral que buscaba despojar al cimmerio de las convenciones del cómic de superhéroes para devolverlo a sus raíces literarias de "Espada y Brujería" pura, cruda y visceral.
La obra está orquestada principalmente por el guionista Kurt Busiek y el dibujante Cary Nord, quienes contaron con la colaboración de artistas como Thomas Yeates y el colorista Dave Stewart. La premisa narrativa de esta colección es ambiciosa: adaptar de forma cronológica la vida de Conan, desde su juventud en las gélidas tierras de Cimmeria hasta su ascenso al trono de Aquilonia, intercalando adaptaciones directas de los relatos originales de Howard con material original que rellena los huecos biográficos del personaje.
El cómic utiliza un recurso narrativo clásico pero efectivo: el marco de las *Crónicas Nemidias*. La historia comienza en un futuro lejano, donde un príncipe y su visir descubren los antiguos registros de la Era Hyboria. A través de la lectura de estos pergaminos, el lector se sumerge en el pasado para presenciar las hazañas de un Conan joven, impulsivo y dotado de una fuerza física y una astucia que lo separan del resto de los hombres.
Uno de los puntos fuertes de Conan: La Leyenda es su tratamiento del entorno. La Era Hyboria no se presenta como un mundo de fantasía genérico, sino como un crisol de culturas antiguas, supersticiones oscuras y una geografía implacable. Desde los desiertos de Zamora hasta las junglas del sur, cada escenario está diseñado para enfatizar la alienación de Conan respecto a la "civilización", un tema central en la obra de Howard que Busiek rescata con maestría. El guion evita los diálogos excesivamente modernos, optando por una prosa que evoca la fuerza de los relatos de los años 30, pero con un ritmo narrativo adaptado al lector contemporáneo.
En el apartado visual, el trabajo de Cary Nord supuso una revolución estética. Alejándose del estilo de línea clara y entintado tradicional, Nord empleó una técnica de dibujo a lápiz que se coloreaba directamente, lo que otorgaba a las páginas un aspecto orgánico, casi pictórico. Este estilo resalta la musculatura realista de Conan, huyendo de las proporciones hiperbólicas de épocas anteriores, y dota a las escenas de acción de una suciedad y un dinamismo necesarios para transmitir la brutalidad de los combates. El color de Dave Stewart es fundamental en este aspecto, utilizando paletas terrosas y atmósferas densas que refuerzan la sensación de antigüedad y peligro constante.
La serie no solo se limita a la acción física. Explora la psicología de un bárbaro que observa con desprecio la decadencia de las ciudades, la corrupción de los reyes y la debilidad de aquellos que dependen de la magia o la política para sobrevivir. A lo largo de los arcos argumentales, vemos a un Conan que evoluciona: de un joven ladrón que sobrevive en la Ciudad de los Ladrones a un mercenario que comprende el valor del honor y la lealtad, aunque siempre bajo su propio código moral.
En resumen, Conan: La Leyenda es una obra esencial para entender la vigencia del personaje en el siglo XXI. Es una descripción fidedigna de un mundo donde la supervivencia se gana con el acero y donde los dioses son entidades distantes y a menudo crueles. Para el lector, esta etapa funciona como la puerta de entrada perfecta al mito, ya que respeta la esencia del material original mientras construye una narrativa coherente y visualmente impactante que define al Cimmerio no solo como un guerrero, sino como una fuerza de la naturaleza destinada a marcar la historia de su mundo.