Los Innombrables

Los Innombrables (*Les Innommables*), creada por el guionista Yann y el dibujante Didier Conrad, representa uno de los hitos más transgresores, cínicos y fascinantes de la historieta francobelga contemporánea. Surgida a finales de los años 70 en las páginas de la revista *Spirou*, la obra nació como una reacción subversiva a los cánones del cómic de aventuras clásico, dinamitando desde dentro las convenciones del género para ofrecer una visión desencantada, violenta y profundamente satírica de la condición humana.

La trama se centra en un trío de desertores del ejército estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial: Mac, el líder pragmático y amoral; Tony, el eterno romántico ingenuo; y Bill, un bruto de fuerza hercúlea y escasa inteligencia. Estos tres antihéroes, unidos más por la necesidad y el fracaso que por la lealtad, deambulan por un sudeste asiático convulso, comenzando su andadura en el Hong Kong de 1949. En este escenario de posguerra, la ciudad se presenta como un nido de espías, triadas chinas, piratas, misioneros corruptos y restos del colonialismo británico, conformando un ecosistema donde la supervivencia es la única ley válida.

Narrativamente, la serie se estructura en ciclos que mezclan la aventura exótica con el *noir* más crudo. Sin embargo, lo que diferencia a *Los Innombrables* de otras obras de su época es su tono. Yann construye guiones donde el humor negro es omnipresente, utilizando la sátira para atacar instituciones como la Iglesia, el ejército o las estructuras de poder político. No hay héroes en estas páginas; incluso los protagonistas son personajes profundamente defectuosos, movidos por el egoísmo o la lujuria, lo que genera una distancia irónica constante con el lector.

El apartado visual de Didier Conrad es fundamental para entender el impacto de la obra. Inicialmente, su estilo se adscribía a la "escuela de Marcinelle" (influenciada por autores como Franquin), caracterizada por un trazo dinámico y caricaturesco. No obstante, Conrad utiliza esta estética —tradicionalmente asociada a contenidos infantiles o juveniles— para representar escenas de una violencia explícita, erotismo y sordidez moral impactantes. Este contraste visual es una de las señas de identidad de la serie: la apariencia de un "cómic de narices grandes" que esconde una narrativa adulta, compleja y, en ocasiones, cruel.

A medida que la serie evoluciona, el dibujo de Conrad se vuelve más detallado, oscuro y atmosférico, adaptándose a la creciente complejidad de las tramas. La introducción de personajes secundarios recurrentes, como la letal y enigmática Alix, añade capas de tensión sexual y peligro que alejan definitivamente la obra de cualquier esquema de aventura tradicional. La relación entre los tres protagonistas también sufre una erosión constante, reflejando un pesimismo existencial donde la amistad es un concepto frágil frente a la ambición o el instinto de preservación.

El contexto histórico es otro pilar de la obra. Yann documenta con precisión el ambiente de la época: la caída de los imperios coloniales, el ascenso del comunismo en China y las tensiones de la Guerra Fría. Sin embargo, esta base histórica no se utiliza para dar lecciones de moral, sino como un tablero de ajedrez caótico donde los protagonistas intentan, casi siempre sin éxito, sacar algún provecho personal.

En resumen, *Los Innombrables* es una obra de culto que desafió la censura de su tiempo y redefinió los límites de lo que se podía contar en el formato de álbum europeo. Es una crónica de perdedores en un mundo en ruinas, narrada con una maestría técnica impecable y un sentido del humor corrosivo que no deja títere con cabeza. Su lectura es esencial para comprender la transición del cómic juvenil hacia una madurez narrativa que no teme explorar los rincones más oscuros y absurdos de la sociedad. Una pieza indispensable que combina la aventura más trepidante con una crítica social mordaz, envuelta en un apartado artístico que es, en sí mismo, una lección de narrativa gráfica.

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