Publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *El Víbora* a principios de los años 80, 'Taxista', la obra cumbre de Martí Riera (conocido simplemente como Martí), se erige como uno de los pilares fundamentales del cómic underground español y una de las piezas más singulares de la narrativa gráfica europea. Esta obra no es solo un ejercicio de género negro, sino una disección grotesca y despiadada de la sociedad urbana, servida a través de una estética visual que rinde homenaje a los clásicos de la prensa estadounidense mientras subvierte todos sus valores.
La trama nos presenta a Taxista, un hombre de mediana edad, de facciones angulosas y mirada severa tras unas gafas de gruesa montura, que recorre las calles de una ciudad anónima, decadente y sumida en la inmundicia moral. El protagonista no es un simple conductor; es un individuo obsesionado con el orden, la limpieza y una moralidad ultraconservadora que raya en el fanatismo religioso. A bordo de su vehículo, Taxista observa el mundo exterior como un estercolero que debe ser purificado. Su misión autoimpuesta es la de un justiciero solitario que no duda en emplear la violencia más extrema para castigar lo que él considera "el vicio" y la "corrupción".
El conflicto central de la obra se dispara cuando Taxista entra en contacto con la familia Rencore, un clan de criminales deformes y amorales que representan todo lo que él detesta. A través de este enfrentamiento, Martí construye una narrativa de persecución y venganza que se aleja de los cánones del héroe tradicional. Aquí no hay redención ni nobleza; hay una colisión entre dos formas de brutalidad: la delincuencia desalmada de los Rencore y el vigilantismo psicótico del protagonista.
Visualmente, 'Taxista' es un prodigio de la técnica del claroscuro. Martí adopta y radicaliza el estilo de Chester Gould (creador de *Dick Tracy*), utilizando un entintado de alto contraste donde el blanco y el negro absoluto eliminan cualquier escala de grises. Esta elección estética no es gratuita: refleja la visión binaria del mundo que tiene el protagonista. No hay matices en su juicio, solo luz o sombra, bien o mal. El dibujo es rígido, casi expresionista, con personajes de rasgos caricaturescos y grotescos que enfatizan la fealdad del entorno. Cada viñeta parece tallada en madera, transmitiendo una sensación de opresión y suciedad que impregna al lector.
La atmósfera de la obra es asfixiante. La ciudad se presenta como un laberinto de callejones oscuros, pensiones de mala muerte y descampados donde la ley no existe. Martí logra capturar el desencanto de la España de la Transición, pero lo tamiza a través del filtro del *noir* más sórdido y el cómic de serie B. Aunque es inevitable trazar paralelismos con la película *Taxi Driver* de Martin Scorsese, el 'Taxista' de Martí posee una identidad marcadamente ibérica y una crueldad satírica que lo sitúa en una liga propia.
A nivel narrativo, el cómic destaca por su ritmo implacable y su capacidad para incomodar. El autor no busca que el lector empatice con el protagonista; al contrario, lo presenta como un ser alienado, cuya rectitud moral es tan peligrosa como el crimen que intenta combatir. Es una crítica feroz al mesianismo y a la justicia por mano propia, envuelta en una trama de serie negra que no da tregua.
En conclusión, 'Taxista' es una obra imprescindible para entender la evolución del cómic adulto en España. Es un ejercicio de estilo magistral que combina la herencia de las tiras de prensa clásicas con la transgresión del *underground*. Martí Riera creó un espejo deformante de la realidad urbana, un relato donde la violencia y la moralidad se retuercen hasta volverse indistinguibles. Leer 'Taxista' es sumergirse en una pesadilla de tinta china que, décadas después de su publicación, sigue conservando toda su fuerza visual y su capacidad de impacto. Es, sin duda, una de las narraciones más crudas, coherentes y visualmente impactantes de la historia del noveno arte en castellano.