Death Jr

Death Jr. no es solo una pieza de marketing derivada de un videojuego para una consola portátil; es, por derecho propio, una de las obras más estilizadas y visualmente distintivas dentro del catálogo de Image Comics de mediados de la década de los 2000. Escrito por Gary Whitta y magistralmente ilustrado por Ted Naifeh, este cómic logra capturar una esencia gótica y satírica que lo sitúa en un punto intermedio entre el humor macabro de *The Addams Family* y la estética suburbana de las películas de Tim Burton.

La narrativa se centra en la figura de DJ, un niño que enfrenta los problemas típicos de la preadolescencia con un agravante existencial: es el hijo de la Muerte. Sin embargo, lejos de ser una entidad omnipotente o aterradora, DJ es un joven retraído, algo ingenuo y profundamente deseoso de encajar en un mundo que no termina de comprender su linaje. Su padre, el Segador, es retratado no como un monstruo, sino como un progenitor trabajador, a menudo frustrado por la falta de enfoque de su hijo y por las responsabilidades burocráticas que conlleva gestionar el fin de la vida.

El núcleo del cómic reside en la dinámica de grupo de DJ y sus amigos, una colección de parias sociales que personifican lo bizarro. Entre ellos destaca Pandora, una niña cuya curiosidad compulsiva es el motor de gran parte de los conflictos; Stigmartha, una joven que sangra por las palmas de las manos cuando se pone nerviosa; Smith & Weston, gemelos siameses unidos por la cabeza con un intelecto superior; y The Seep, un cerebro en un frasco que flota gracias a un sistema de soporte vital. Esta "galería de raros" no solo sirve para el alivio cómico, sino que refuerza el tema central de la obra: la búsqueda de identidad y pertenencia en un entorno que margina lo diferente.

La trama arranca con una premisa aparentemente mundana: una excursión escolar al Museo de Historia Sobrenatural. Lo que debería ser un día aburrido de aprendizaje se convierte en un catalizador del caos cuando DJ, en un intento por impresionar a sus compañeros y cediendo a la insistencia de Pandora, manipula un artefacto antiguo que nunca debió ser tocado. Al abrir una caja sellada, liberan accidentalmente a una entidad maligna y ancestral conocida como Moloch. A partir de este momento, la historia se transforma en una carrera contra el tiempo donde este grupo de inadaptados debe corregir su error antes de que el mundo sea consumido por fuerzas que ni siquiera el padre de DJ está preparado para contener de inmediato.

El guion de Gary Whitta brilla al equilibrar el cinismo con la ternura. A pesar de los elementos sobrenaturales y las situaciones de peligro mortal, el cómic nunca pierde de vista que sus protagonistas son niños. Hay una vulnerabilidad genuina en la forma en que DJ maneja su guadaña —un objeto que le queda grande tanto física como metafóricamente— y en cómo el grupo se apoya mutuamente frente a la adversidad.

Sin embargo, el elemento que eleva a *Death Jr.* por encima de otros cómics de su género es el arte de Ted Naifeh. Conocido por su trabajo en *Courtney Crumrin*, Naifeh utiliza un estilo de dibujo que mezcla líneas finas con sombras densas y atmosféricas. Su diseño de personajes es icónico; logra que figuras grotescas resulten carismáticas y que los entornos suburbanos parezcan sacados de una pesadilla victoriana. La narrativa visual es fluida, utilizando el espacio de la viñeta para enfatizar la escala de las amenazas y la soledad de los protagonistas.

En conclusión, el cómic de *Death Jr.* es una exploración fascinante de la mitología moderna a través de los ojos de la infancia. No se limita a expandir el universo de un videojuego, sino que construye una mitología propia, rica en detalles y con una voz narrativa clara. Es una lectura esencial para quienes disfrutan de las historias donde lo macabro se encuentra con lo cotidiano, y donde el verdadero horror no son los demonios antiguos, sino la dificultad de sobrevivir a la escuela secundaria siendo el hijo de la Muerte.

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