Miguel – 15 Años en la Calle

Miguel: 15 años en la calle, obra del autor barcelonés Miguel Fuster, representa uno de los testimonios más crudos, honestos y necesarios de la novela gráfica española contemporánea. Publicada originalmente en varios volúmenes por la editorial Ponent Mon, esta obra no es solo un ejercicio de narrativa secuencial, sino un documento social de una potencia devastadora que utiliza el lenguaje del cómic para dar voz a quienes la sociedad ha decidido volver invisibles.

La premisa de la obra es estrictamente autobiográfica. Miguel Fuster, quien fuera un ilustrador de éxito durante la edad de oro del cómic en España —trabajando para la mítica editorial Bruguera y para el mercado internacional a través de agencias—, narra su propio descenso a los infiernos. Tras una serie de reveses personales, que incluyeron un incendio en su hogar y una profunda depresión, Fuster terminó viviendo en las calles de Barcelona durante quince años. Este cómic es el relato de ese periodo, pero huye de cualquier atisbo de victimismo o de romanticismo bohemio.

Desde un punto de vista narrativo, la obra se estructura como una crónica de la supervivencia diaria. El autor nos sumerge en la rutina de la indigencia: la búsqueda de un lugar donde dormir, la lucha contra el frío, la obtención de alimento y, sobre todo, la gestión de la soledad y el alcoholismo, que aparece retratado no como un vicio, sino como un anestésico necesario para soportar la realidad del asfalto. Fuster no busca la compasión del lector; busca que este entienda la deshumanización sistemática que sufre una persona cuando pierde sus vínculos con la estructura social.

El apartado gráfico es, sin duda, el pilar fundamental que sostiene la carga emocional del relato. El estilo de Fuster en esta obra se aleja de la pulcritud de sus trabajos comerciales de juventud para adoptar un trazo nervioso, sucio y profundamente expresivo. El uso del claroscuro es magistral; las sombras no son solo ausencia de luz, sino que representan el peso del olvido y la oscuridad mental en la que se sumerge el protagonista. Las texturas de las paredes, el asfalto y la piel de los personajes parecen transmitir el frío y la suciedad de la calle. Barcelona, lejos de ser la ciudad cosmopolita de las postales, se transforma bajo el lápiz de Fuster en un laberinto hostil de ángulos cerrados y espacios impersonales.

Uno de los aspectos más destacados del cómic es la representación de la "invisibilidad". Fuster logra plasmar visualmente cómo el entorno urbano ignora activamente al indigente. A través de composiciones de página que a menudo rompen la estructura tradicional de la viñeta, el autor nos sitúa a ras de suelo, obligándonos a mirar la ciudad desde la perspectiva de quien no tiene donde caerse muerto. La narrativa visual es asfixiante por momentos, reflejando la angustia existencial y la pérdida de la noción del tiempo que conlleva vivir a la intemperie.

El guion destaca por su sobriedad. Los textos de apoyo y los diálogos son directos, despojados de artificios literarios innecesarios. Esta economía de palabras potencia el impacto de las imágenes, permitiendo que el silencio —un elemento omnipresente en la vida del sintecho— hable por sí mismo. La obra también explora la pérdida de la identidad: cómo el nombre de uno deja de importar y cómo el individuo se convierte en un

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