El Ciclo de Nibiru 2 de 2 representa la culminación de una de las propuestas más ambiciosas y visualmente impactantes dentro del panorama del cómic de ciencia ficción contemporáneo en español. Escrito por Israel L. Escudero y respaldado por un despliegue artístico que busca la espectacularidad en cada viñeta, este segundo volumen cierra la bilogía épica que fusiona la mitología sumeria, la teoría de los antiguos astronautas y la *space opera* más descarnada.
La narrativa de esta entrega final retoma la historia en el punto crítico donde quedó el primer tomo: la inminente llegada de Nibiru, el duodécimo planeta, cuya órbita elíptica lo trae de regreso al sistema solar interior tras milenios de ausencia. Sin embargo, Nibiru no es un simple cuerpo celeste; es la cuna de los Anunnaki, una raza de seres primordiales que, según el trasfondo de la obra, intervinieron en la evolución humana y ahora regresan para reclamar su herencia o, posiblemente, para ejecutar un juicio final sobre su creación.
En este segundo volumen, el guion de Escudero acelera el ritmo, transformando la intriga política y el misterio arqueológico del inicio en un conflicto de escala cósmica. La trama se aleja de las sutilezas para sumergir al lector en una lucha por la supervivencia donde la tecnología humana, rudimentaria en comparación, se enfrenta a la sofisticación casi divina de los invasores. El cómic explora con acierto la sensación de insignificancia del ser humano frente a fuerzas que no comprende del todo, un tropo clásico del horror cósmico pero adaptado aquí a una estética de ciencia ficción tecnológica y militarista.
El desarrollo de los personajes en esta conclusión se centra en la aceptación del destino y el sacrificio. Los protagonistas, que en el primer tomo actuaban movidos por la curiosidad o el deber profesional, se ven aquí empujados a tomar decisiones morales extremas. La narrativa no se detiene únicamente en la acción física, sino que profundiza en la conexión metafísica entre la humanidad y sus "creadores". Se plantean preguntas fundamentales sobre la identidad de nuestra especie: ¿somos un accidente biológico, un experimento olvidado o una herramienta diseñada para un propósito que ya ha expirado?
Visualmente, El Ciclo de Nibiru 2 de 2 es un ejercicio de diseño de producción de alto nivel. La representación de la tecnología Anunnaki huye de los clichés habituales de la ciencia ficción genérica, optando por una estética que mezcla lo orgánico con lo arquitectónico, evocando las descripciones de las tablillas de arcilla antiguas pero con una pátina de alta tecnología. Las escenas de batalla espacial y los paisajes del planeta errante están ejecutados con una atención al detalle que busca abrumar al lector, transmitiendo la escala masiva de las estructuras y naves involucradas. El uso del color es narrativo, diferenciando claramente la calidez (y vulnerabilidad) de los entornos humanos frente a la frialdad azulada y metálica de los Anunnaki.
El cierre de la obra evita las soluciones fáciles. Escudero opta por una resolución que respeta la magnitud de las fuerzas en juego, manteniendo la coherencia con el tono fatalista y grandilocuente establecido desde las primeras páginas del volumen anterior. No se trata solo de una guerra por el territorio, sino de la resolución de un ciclo cósmico que ha durado eones.
En definitiva, este segundo tomo de El Ciclo de Nibiru consolida la obra como un referente para los amantes del género que buscan historias con un trasfondo mitológico denso y una ejecución técnica impecable. Es un cómic que exige una lectura atenta para captar todas las referencias a la cosmogonía sumeria, pero que recompensa con una experiencia cinematográfica y una reflexión sobre el lugar del hombre en un universo que, lejos de ser un vacío silencioso, está poblado por dioses antiguos con agendas inescrutables. La conclusión de la saga no solo cierra los arcos de los personajes, sino que deja una huella duradera sobre la fragilidad de la civilización ante el retorno de lo inevitable.