La serie "El Tesoro del Pirata Ke-Ko", comprendida en su secuencia del 01 al 19, constituye uno de los testimonios más vibrantes de la denominada "Escuela Bruguera" y, más concretamente, del genio creativo de Guillermo Cifré. Publicada originalmente en las páginas de revistas legendarias como *Pulgarcito*, esta obra se aleja de la épica marítima tradicional para sumergirse en el terreno de la comedia de bofetón (*slapstick*) y la sátira social disfrazada de aventura caribeña.
La trama de estos primeros diecinueve números se articula en torno a la figura de Ke-Ko, un capitán pirata que rompe con todos los cánones del género. Lejos de ser un bucanero temible o un estratega brillante, Ke-Ko es la encarnación del antihéroe: un hombre menudo, de rasgos caricaturescos, cuya ambición por encontrar un tesoro legendario se ve perpetuamente frustrada por su propia torpeza, la incompetencia de su tripulación o los caprichos de un destino que parece ensañarse con él. En este bloque inicial, el lector asiste a la presentación de un universo donde la piratería no es una profesión romántica, sino un oficio precario y lleno de malentendidos.
Narrativamente, el cómic se estructura en episodios autoconclusivos que, sin embargo, mantienen una cohesión temática inquebrantable: la búsqueda del oro. Cada entrega del 01 al 19 funciona como un mecanismo de relojería cómica. Cifré utiliza el entorno de las islas tropicales, los barcos destartalados y las tabernas de puerto no como escenarios de acción, sino como tableros de juego donde los personajes se enfrentan a situaciones absurdas. El conflicto suele nacer de una pista falsa, un mapa mal interpretado o la aparición de un rival que, aunque igual de inepto que el protagonista, sirve de catalizador para el desastre final.
El estilo visual de Cifré en estos números es fundamental para entender el éxito de la serie. Su trazo es dinámico, elástico y extremadamente expresivo. Los personajes poseen una redondez orgánica que facilita la lectura del movimiento; se puede sentir el impacto de una caída o la velocidad de una persecución solo con observar la deformación de los cuerpos en la viñeta. El diseño de Ke-Ko, con su sombrero desproporcionado y su parche en el ojo, se convirtió rápidamente en un icono visual. Además, el autor presta una atención minuci