Relatos del Nuevo Mundo no es solo una colección de historietas, sino uno de los proyectos editoriales más ambiciosos y exhaustivos que se han gestado en la industria del cómic español. Publicada originalmente por Planeta DeAgostini a principios de la década de los 90, coincidiendo con la conmemoración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, esta obra se compone de 25 álbumes que buscan retratar, con un rigor histórico inusual en el medio, la compleja red de exploraciones, conquistas y choques culturales que definieron el continente americano desde finales del siglo XV.
Desde una perspectiva técnica y artística, la serie destaca por haber reunido a una nómina de autores que representa la aristocracia del dibujo y el guion de la época. No se trata de una obra de autor único, sino de una antología coordinada donde cada volumen aborda un episodio o personaje clave. En sus páginas encontramos el trazo de maestros como Alfonso Font, José Ortiz, Sergio Toppi, Leopoldo Sánchez, Horacio Altuna o Enrique Breccia, bajo la dirección editorial de figuras como Pedro Tabernero. Esta diversidad de estilos visuales permite que la colección no se sienta monótona; mientras algunos tomos apuestan por un realismo sucio y detallado para narrar las penurias de las expediciones, otros optan por un estilo más onírico o expresionista para capturar el asombro ante lo desconocido.
La estructura de la obra huye del enfoque enciclopédico seco para abrazar la narrativa secuencial pura. Cada álbum funciona como una unidad independiente que explora la psicología de sus protagonistas. No se limita a las figuras canónicas como Cristóbal Colón, Hernán Cortés o Francisco Pizarro; la colección se adentra en relatos menos transitados pero igualmente fascinantes, como las peripecias de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, la expedición de Orellana por el Amazonas, la resistencia de los pueblos indígenas o la vida de figuras como Inés Suárez. Este enfoque permite al lector entender el "Nuevo Mundo" no como un bloque monolítico, sino como un mosaico de ambiciones, tragedias y descubrimientos humanos.
Uno de los mayores logros de Relatos del Nuevo Mundo es su equilibrio tonal. En un contexto donde la historia de la conquista suele oscilar entre la hagiografía y la leyenda negra, el cómic intenta situarse en un terreno de observación humana. Los guiones se esfuerzan por mostrar la dualidad de la época: la valentía casi suicida de los exploradores y, al mismo tiempo, la brutalidad del choque de civilizaciones. La documentación visual es otro de los pilares de la obra; el diseño de vestuario, armamento, arquitectura precolombina y naves está cuidado al detalle, convirtiendo cada viñeta en una ventana fidedigna al siglo XVI.
El ritmo narrativo varía según el autor, pero existe una constante en la búsqueda de la épica. Se percibe una influencia clara del cine histórico y de la novela de aventuras clásica, pero adaptada a las posibilidades del lenguaje del cómic, donde el uso del color y la composición de página juegan un papel crucial para transmitir la inmensidad de la selva, la aridez de los Andes o la claustrofobia de las carabelas en alta mar.
En definitiva, Relatos del Nuevo Mundo es una pieza fundamental para entender el cómic histórico europeo. Es una obra que trasciende su propósito conmemorativo original para consolidarse como un catálogo de excelencia gráfica. Para el lector contemporáneo, representa una oportunidad de acercarse a la historia de América a través de una lente que prioriza la narrativa visual de alta calidad, sin renunciar a la complejidad de los hechos que narra. Es, en esencia, un testimonio del poder del noveno arte para reconstruir el pasado y dotarlo de una vitalidad que los libros de texto rara vez consiguen alcanzar. Su legado reside en haber demostrado que el cómic es un vehículo perfecto para la memoria histórica, capaz de tratar temas de una densidad abrumadora con una elegancia y un impacto visual imperecederos.