Goecia, la obra magna de Sergio Bleda, se erige como uno de los pilares fundamentales del cómic de terror y lo oculto dentro del panorama narrativo español. Publicada originalmente de forma serializada y posteriormente recopilada en ediciones integrales, esta pieza es un ejercicio de maestría en el género del *thriller* esotérico, donde la mitología judeocristiana y los grimorios medievales colisionan frontalmente con la crudeza del mundo criminal contemporáneo.
La trama se articula en torno a un concepto central extraído de la tradición salomónica: el *Ars Goetia*, la primera sección de *La llave menor de Salomón*. Este libro antiguo detalla los métodos para invocar a los setenta y dos demonios que el sabio rey supuestamente encerró en una vasija de bronce. En la obra de Bleda, este conocimiento no es una reliquia olvidada en un museo, sino una herramienta de poder absoluto que despierta la codicia de hombres peligrosos. La historia arranca cuando un grupo heterogéneo de individuos, movidos por ambiciones personales que van desde la simple supervivencia hasta el ansia de dominio metafísico, se ven envueltos en un ritual para traer a estas entidades a nuestra realidad.
El protagonista principal es Andrés, un asesino a sueldo cuya eficiencia y frialdad lo han mantenido vivo en los márgenes de la sociedad. Su entrada en el mundo de lo sobrenatural no es por convicción espiritual, sino por un encargo profesional que rápidamente escapa a su control. A su lado encontramos personajes con matices complejos, como una médium con un pasado turbio y un acaudalado coleccionista de objetos prohibidos. Esta mezcla de arquetipos del cine negro con elementos de la alta magia crea una atmósfera de "noir ocultista" donde las pistolas tienen tanto peso como los sellos de invocación.
Narrativamente, *Goecia* destaca por su ritmo implacable. Bleda no se pierde en exposiciones farragosas sobre la naturaleza del mal; en su lugar, utiliza la acción y el diálogo cortante para mostrar las consecuencias de jugar con fuerzas que la mente humana no puede comprender del todo. La estructura de la obra permite al lector descender junto a los personajes a un abismo de degradación moral. A medida que los demonios comienzan a manifestarse, la línea entre el ejecutor y la víctima se difumina, planteando una pregunta recurrente en el género: ¿quién es el verdadero monstruo, la entidad invocada o el hombre que rompe los sellos por egoísmo?
Visualmente, el cómic es un despliegue de técnica narrativa. Sergio Bleda utiliza un estilo que bascula entre el realismo sucio y la expresividad onírica. Su manejo de las sombras es crucial para establecer el tono de la obra; los negros profundos no solo ocultan las amenazas físicas, sino que simbolizan la oscuridad ética de los protagonistas. El diseño de los demonios es otro de los puntos fuertes: huyendo de los tropos visuales genéricos del cine de terror moderno, Bleda se inspira en las descripciones clásicas de los grimorios, dotando a las criaturas de una apariencia grotesca, majestuosa y profundamente inquietante que refuerza la sensación de antigüedad y peligro.
El escenario, situado en una España urbana y reconocible, aporta un contraste necesario que ancla la fantasía oscura en la realidad. Ver rituales de sangre ocurrir en apartamentos anodinos o callejones industriales otorga a *Goecia* una verosimilitud que potencia el horror. No estamos ante una lucha épica entre el bien y el mal en un mundo de fantasía, sino ante una intrusión violenta de lo infernal en nuestra cotidianidad más gris.
En conclusión, *Goecia* es una obra imprescindible para entender la evolución del cómic de género en España. Es una historia sobre la ambición, el precio del conocimiento prohibido y la inevitabilidad del destino. Sin recurrir a artificios innecesarios, Sergio Bleda construye un relato sólido, visualmente impactante y temáticamente denso que respeta las fuentes esotéricas originales mientras ofrece una visión moderna y descarnada del mito de la invocación demoníaca. Es, en esencia, un descenso a los infiernos donde el lector es testigo de cómo la curiosidad y la codicia pueden abrir puertas que nunca deberían haber sido tocadas.