La traslación del Cuarto Doctor al mundo de las viñetas no es solo un ejercicio de nostalgia, sino una expansión necesaria de la mitología de la encarnación más icónica de la etapa clásica de *Doctor Who*. Cuando hablamos del cómic de 'Doctor Who – El Cuarto Doctor', nos referimos principalmente a la aclamada miniserie publicada por Titan Comics, titulada originalmente como *Gaze of the Medusa* (La mirada de la Medusa), orquestada por los guionistas Gordon Rennie y Emma Beeby, con el arte de Brian Williamson. Esta obra logra capturar la esencia de la era de Tom Baker, situándose cronológicamente en un punto dulce de su viaje junto a una de las acompañantes más queridas de la franquicia: Sarah Jane Smith.
La trama se sitúa en el Londres victoriano de 1881, un escenario recurrente y predilecto para el Doctor, donde la atmósfera gótica y el misterio científico se entrelazan. La narrativa comienza cuando el Doctor y Sarah Jane se ven envueltos en una red de desapariciones misteriosas y la aparición de una entidad que parece extraída directamente de los mitos griegos. Sin embargo, fiel al espíritu de la serie, lo que parece sobrenatural esconde una raíz tecnológica y alienígena mucho más compleja. El conflicto central gira en torno a una misteriosa mujer velada y una organización oculta que busca despertar un poder ancestral capaz de petrificar no solo a individuos, sino el tejido mismo de la realidad.
Desde el punto de vista técnico y narrativo, el cómic destaca por su capacidad para replicar la "voz" del Cuarto Doctor. Los guionistas logran plasmar esa mezcla única de excentricidad, autoridad intelectual y humor absurdo que Tom Baker imprimió al personaje. El lector puede casi escuchar el tono de voz del Doctor mientras ofrece caramelos de goma (*jelly babies*) en momentos de tensión o cuando utiliza su bufanda kilométrica como una herramienta más de su arsenal. Sarah Jane Smith, por su parte, no es una mera observadora; su perspicacia periodística y su valentía son motores fundamentales de la investigación, manteniendo la dinámica de respeto mutuo que definió su relación en la televisión.
El apartado visual de Brian Williamson merece una mención especial. El dibujante opta por un estilo fotorrealista que respeta escrupulosamente las facciones de los actores originales. No se trata solo de un parecido físico, sino de capturar la gestualidad: la mirada penetrante y ligeramente maníaca del Doctor y la expresividad curiosa de Sarah Jane. El diseño de producción del cómic evoca la estética de la productora Hammer Horror, que fue la gran influencia de la etapa de Philip Hinchcliffe en la serie de televisión durante los años 70. Los escenarios están cargados de sombras, detalles arquitectónicos de la época y una paleta de colores que refuerza la sensación de peligro inminente.
A diferencia de otras etapas del Doctor en el cómic, que a veces optan por una escala épica universal, esta obra se siente contenida y fiel al formato de los seriales clásicos. La estructura está dividida en capítulos que mantienen el suspense, emulando los *cliffhangers* televisivos. La amenaza de los "Scryers" y la conexión con la mitología de la Medusa sirven para explorar temas como el sacrificio, la ambición humana y las consecuencias de manipular fuerzas que escapan a la comprensión temporal.
En conclusión, el cómic del Cuarto Doctor es una pieza esencial para entender la longevidad del personaje. No se limita a repetir fórmulas, sino que utiliza las posibilidades ilimitadas del dibujo para mostrar aquello que el presupuesto de la BBC de 1970 no podía permitir, sin perder nunca la calidez y el ingenio que convirtieron a esta encarnación en el estándar de oro para muchos aficionados. Es una aventura que funciona tanto para el lector veterano que busca reencontrarse con su Doctor, como para el neófito que desea descubrir por qué un hombre con una bufanda de colores y una cabina de policía azul sigue siendo una de las figuras más fascinantes de la ciencia ficción contemporánea.