*Fort Wheeling* es una de las obras más ambiciosas, meticulosas y personales del maestro veneciano Hugo Pratt. Publicada originalmente de forma serializada a partir de 1962 en la revista argentina *Misterix*, esta epopeya histórica se aleja del romanticismo aventurero de su personaje más célebre, Corto Maltés, para sumergirse en la crudeza de la frontera norteamericana durante el último tercio del siglo XVIII. La obra no es solo un cómic de aventuras, sino una crónica profundamente documentada sobre el nacimiento de una nación y el ocaso de un mundo salvaje.
La trama se sitúa inicialmente en 1774, en los albores de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, centrándose en la región del valle del Ohio y el asentamiento fronterizo que da nombre a la obra. El relato sigue las trayectorias divergentes de dos jóvenes amigos: Criss Kenton y Patrick Fitzgerald. Kenton es un muchacho de la frontera, un huérfano criado en la dureza de los bosques que posee un conocimiento instintivo del terreno y de las costumbres de los pueblos nativos. Fitzgerald, por el contrario, es un aristócrata británico, culto y refinado, que llega al Nuevo Mundo imbuido de los valores del honor militar y la lealtad a la Corona.
El núcleo narrativo de *Fort Wheeling* reside en cómo el estallido del conflicto bélico fractura esta amistad. Mientras Kenton se une a los rebeldes continentales y a los grupos de exploradores que operan en la "tierra de nadie", Fitzgerald permanece fiel a su juramento al Rey Jorge III. A través de sus ojos, Pratt despliega un fresco histórico donde no existen los maniqueísmos. La guerra se presenta como un proceso sucio, confuso y brutal, donde las lealtades son fluidas y la supervivencia depende a menudo de compromisos morales cuestionables.
Uno de los aspectos más destacados de la obra es el tratamiento de los pueblos indígenas. Pratt, un estudioso de la etnografía y la historia militar, retrata a las tribus Shawnee, Delaware e Iroquesas con una precisión inusual para la época. Los nativos no son meros figurantes o antagonistas unidimensionales; son actores políticos y guerreros con motivaciones complejas, atrapados en una guerra de potencias coloniales que amenaza con borrarlos del mapa. La relación de Kenton con personajes como el jefe Logan o la presencia de figuras históricas reales, como el renegado Simon Girty o el explorador Lewis Wetzel, dota al relato de una veracidad casi documental.
Visualmente, *Fort Wheeling* muestra la evolución estilística de Pratt. En sus páginas se observa la transición desde un dibujo detallista y académico hacia el uso magistral del contraste y la síntesis que definiría su etapa madura. El autor utiliza el blanco y negro para capturar la atmósfera opresiva de los bosques vírgenes, la nieve del invierno fronterizo y la violencia súbita de las escaramuzas. Cada uniforme, cada tipo de fusil de chispa y cada pintura de guerra está representado con un rigor que evidencia años de investigación en archivos históricos.
La narrativa se estructura en torno a grandes desplazamientos geográficos y temporales, cubriendo desde la Guerra de Lord Dunmore hasta los momentos críticos de la Revolución Americana. Sin embargo, el foco nunca se pierde en las grandes batallas campales, sino que permanece en la "pequeña historia": la de los exploradores, los espías y los colonos que vivían en el límite de la civilización.
En conclusión, *Fort Wheeling* es una obra fundamental para entender la madurez del cómic europeo. Es un relato sobre la pérdida de la inocencia, el choque de culturas y la imposibilidad de mantener la neutralidad cuando el mundo conocido se desmorona. Hugo Pratt logra aquí una de sus narraciones más densas y melancólicas, donde el paisaje americano actúa como un personaje más, vasto e indiferente al destino de los hombres que intentan conquistarlo. Es, en esencia, la historia de una frontera que se cierra y de una amistad que se convierte en el sacrificio necesario para el nacimiento de una nueva era.