Lapinot

Las formidables aventuras de Lapinot, creada por el prolífico autor francés Lewis Trondheim, es una de las obras angulares de la historieta europea contemporánea y un pilar fundamental del movimiento conocido como la *Nouvelle Bande Dessinée*. Surgida a principios de los años 90, esta serie rompió con los moldes tradicionales del cómic franco-belga al proponer una estructura narrativa y un uso de los personajes radicalmente innovadores.

La premisa central de 'Lapinot' se aleja de la continuidad lineal clásica. Trondheim utiliza a sus personajes —un elenco de animales antropomórficos— como si fueran una compañía de teatro o un grupo de actores fijos que interpretan diferentes papeles en diversos escenarios y épocas. De este modo, el lector puede encontrar a Lapinot, el conejo protagonista, viviendo una aventura de capa y espada en el siglo XIX, sobreviviendo en un entorno de *western* crepuscular, o, de manera más recurrente, lidiando con las tribulaciones cotidianas de un joven adulto en el París contemporáneo.

El personaje de Lapinot funciona como el eje moral y racional del grupo. Es un individuo reflexivo, a menudo escéptico y dotado de un sentido común que choca frontalmente con el caos que lo rodea. A su lado encontramos a Richard, un gato que representa el contrapunto perfecto: impulsivo, ruidoso, a menudo irritante y propenso a meterse en problemas por pura inercia o aburrimiento. El elenco se completa con figuras recurrentes como Titi, el pájaro cínico y mujeriego, y Nadia, la ratona periodista que aporta una visión profesional y, en ocasiones, el interés romántico.

Lo que define a 'Lapinot' por encima de sus tramas es el peso del diálogo. Trondheim es un maestro de la conversación naturalista; sus personajes pueden dedicar páginas enteras a discutir sobre nimiedades, teorías filosóficas abstractas, cine o las dinámicas de sus propias relaciones mientras caminan por la calle. Esta verborrea, lejos de ser un relleno, es el motor de la obra. La serie captura con una precisión asombrosa la angustia existencial, el humor absurdo y la banalidad de la vida moderna, incluso cuando la acción se sitúa en contextos fantásticos o históricos.

Visualmente, la obra es un testimonio de la evolución de Trondheim. El dibujo es aparentemente sencillo, de línea clara pero nerviosa, priorizando la expresividad y el ritmo narrativo sobre el preciosismo anatómico. Esta economía de medios permite que la actuación de los personajes sea extremadamente fluida, logrando que un simple movimiento de orejas o una mirada de soslayo transmitan más que un bloque de texto explicativo.

La serie se divide principalmente en dos etapas. La primera, publicada originalmente por Dargaud bajo el título *Les Formidables Aventures de Lapinot*, consta de tomos autoconclusivos que exploran diversos géneros. Tras un largo paréntesis y un cierre que parecía definitivo para la colección, Trondheim retomó al personaje en una nueva etapa titulada *Les Nouvelles Aventures de Lapinot*, publicada bajo su propio sello en L'Association. En esta segunda fase, el autor profundiza aún más en la observación social y el comentario metaficcional, adaptando a los personajes a las sensibilidades y tecnologías del siglo XXI.

En resumen, 'Lapinot' es una obra que desafía las clasificaciones de género. Es, simultáneamente, una comedia de situación, un drama existencial y un ejercicio de estilo sobre las posibilidades del lenguaje del cómic. Su importancia radica en haber demostrado que los personajes antropomórficos no son solo para el público infantil o para la sátira política, sino que pueden ser el vehículo perfecto para explorar la complejidad de la condición humana con una honestidad y un ingenio que pocos autores han logrado igualar. Es una lectura esencial para entender la transición del cómic hacia la madurez narrativa de las últimas décadas.

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