El Zestas

Zestas, la obra firmada por el guionista Harkaitz Cano y el dibujante Iñaki Holgado, es una pieza fundamental del cómic contemporáneo que se aleja de los tropos habituales del género deportivo para adentrarse en un drama humano teñido de melancolía, realismo social y una atmósfera casi de cine negro. La obra no es solo un retrato de la cesta punta (Jai Alai), sino una elegía sobre el paso del tiempo, el declive de los ídolos y la erosión de una disciplina que una vez fue el espectáculo más rápido y glamuroso del mundo.

La narrativa se sitúa en el ocaso de la era dorada de la cesta punta. A través de sus páginas, el lector es transportado a una época en la que los pelotaris eran figuras internacionales, estrellas que llenaban frontones desde Miami hasta Manila, pasando por México y el País Vasco. Sin embargo, el cómic no se detiene en las luces de neón ni en el éxito fácil; su enfoque es mucho más introspectivo y crudo. La historia sigue la trayectoria de personajes que cargan con el peso de la gloria pasada y la incertidumbre de un presente donde el deporte que aman se desvanece lentamente bajo la presión de las apuestas, la mala gestión y el cambio de los tiempos.

El guion de Harkaitz Cano destaca por su precisión quirúrgica. No busca la épica del último punto ganado en el último segundo, sino la psicología del deportista que sabe que su cuerpo es una herramienta con fecha de caducidad. La trama explora la soledad del pelotari, la presión asfixiante de los corredores de apuestas y la compleja red de relaciones que se teje en las entrañas de los frontones. Es una historia de hombres que han convertido su brazo derecho en una extensión de mimbre y cuero, y que ahora deben enfrentarse a un mundo que ya no parece tener lugar para ellos.

Visualmente, el trabajo de Iñaki Holgado es magistral y esencial para la inmersión en este universo. Su estilo, detallado y atmosférico, captura con una fidelidad asombrosa la textura de las paredes del frontón, el desgaste de las pelotas de cuero y la tensión muscular de los jugadores. Holgado utiliza una narrativa visual cinematográfica, con encuadres que enfatizan tanto la inmensidad de la cancha como la claustrofobia de los vestuarios y los despachos donde se decide el destino de los jugadores. El uso de la luz y las sombras refuerza ese tono de "noir" deportivo, donde cada rincón parece esconder una deuda pendiente o un sueño roto.

Uno de los puntos más fuertes de *Zestas* es su capacidad para tratar el deporte como un fenómeno cultural y social. El cómic describe cómo la cesta punta fue un puente entre mundos, una exportación cultural vasca que se convirtió en un fenómeno global de masas, para luego quedar relegada a la nostalgia. La obra evita caer en el sentimentalismo barato; en su lugar, ofrece una visión honesta sobre la profesionalización extrema, el sacrificio físico y las cicatrices, tanto físicas como emocionales, que deja la alta competición.

Sin desvelar los giros de la trama, se puede afirmar que el conflicto central reside en la lucha por la dignidad. Los protagonistas no solo compiten contra sus rivales en la cancha, sino contra un sistema que los consume y una realidad económica que amenaza con cerrar los frontones para siempre. Es un relato sobre la resistencia y sobre cómo mantener la integridad cuando el entorno se desmorona.

En definitiva, *Zestas* es un cómic imprescindible para entender una parte vital de la historia deportiva y social del siglo XX, pero también es una lectura universal sobre la condición humana. La colaboración entre Cano y Holgado da como resultado una obra cohesionada, visualmente impactante y narrativamente profunda que trasciende el nicho del deporte para convertirse en un estudio sobre la identidad, el legado y la inevitable decadencia de los imperios, incluso de aquellos construidos sobre una cancha de piedra. Es una lectura obligatoria para quienes buscan historias con peso específico, personajes tridimensionales

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