La reunión de Tarzán y John Carter en el mundo del cómic representa uno de los cruces más significativos dentro de la literatura de aventuras y el género pulp. Esta obra, titulada específicamente como *Tarzan/John Carter: Warlords of Mars*, fue publicada por Dark Horse Comics en colaboración con Dynamite Entertainment, bajo el guion de Arvid Nelson y el arte de Will Conrad. El cómic no solo busca unir a los dos personajes más icónicos creados por Edgar Rice Burroughs, sino que intenta amalgamar sus mitologías en un único universo cohesionado, respetando las cronologías originales de las novelas de principios del siglo XX.
La premisa narrativa se sitúa en un punto de inflexión para ambos héroes. La historia comienza a finales del siglo XIX y principios del XX, estableciendo un puente entre la selva africana y los desiertos áridos de Barsoom (Marte). El motor del conflicto es una amenaza de escala interplanetaria: los Mahars, una raza de reptiles inteligentes y telepáticos originarios de Pellucidar (el mundo intraterrestre de Burroughs), han desarrollado tecnología para cruzar el espacio. Su objetivo es la conquista total, y para lograrlo, han puesto sus ojos tanto en la Tierra como en Marte. Esta incursión obliga a que los caminos de Lord Greystoke y el Capitán John Carter se crucen por primera vez.
Desde el punto de vista estructural, el cómic se divide en un arco que equilibra la acción física con la exploración de los entornos. La narrativa traslada al lector desde la densa vegetación del Congo hasta las exóticas ciudades de helio en Marte. El guion de Nelson evita el cliché del enfrentamiento inicial gratuito entre héroes para centrarse en la cooperación basada en el respeto mutuo. Tarzán es presentado como el epítome de la adaptación humana y la fuerza instintiva, mientras que John Carter personifica el honor militar y la capacidad de liderazgo en un entorno alienígena. La dinámica entre ambos es el núcleo de la obra; aunque provienen de contextos distintos, comparten un código ético inquebrantable y una alienación común: ambos son hombres fuera de su elemento original que han reclamado un lugar de poder en mundos salvajes.
El apartado visual a cargo de Will Conrad es fundamental para la inmersión. Conrad utiliza un estilo realista y detallado que otorga peso y anatomía creíble a los personajes. El diseño de los Mahars es amenazante y alejado de las representaciones más caricaturescas de décadas anteriores, presentándolos como una fuerza imperialista fría y calculadora. La paleta de colores juega un papel narrativo crucial, diferenciando claramente la exuberancia verde y húmeda de la Tierra de los tonos ocres, rojizos y violáceos que caracterizan la atmósfera de Barsoom. Las secuencias de combate están coreografiadas con una claridad que permite apreciar las distintas habilidades de los protagonistas: la agilidad acrobática y el uso de herramientas rudimentarias de Tarzán frente a la esgrima experta y la fuerza aumentada por la baja gravedad de Carter.
Un aspecto relevante de este cómic es cómo integra elementos de la cosmogonía de Burroughs sin saturar al lector casual. Aparecen referencias a los grandes simios, a la tecnología marciana y a la fauna de ambos planetas, creando una sensación de escala épica. La trama no se limita a una simple persecución, sino que profundiza en las implicaciones de una invasión tecnológica sobre culturas que, aunque avanzadas en ciertos aspectos, mantienen estructuras sociales guerreras.
En conclusión, *Tarzan/John Carter: Warlords of Mars* es una obra técnica y narrativa que funciona como un homenaje a la aventura clásica. Evita las distracciones modernas para centrarse en el ritmo, la caracterización y la expansión de un universo compartido. Es un ejercicio de arqueología pop que logra revitalizar a dos personajes centenarios, demostrando que su arquetipo de héroe sigue siendo funcional en el lenguaje del cómic contemporáneo. La obra se mantiene fiel al espíritu de las revistas *pulp* originales, ofreciendo una historia de escala global que respeta la inteligencia del lector y la integridad de sus protagonistas.